
l expresidente Evo Morales convocó a sus bases a acudir el 17 de agosto a los recintos electorales para votar nulo; es más, el diputado Anyelo Céspedes inauguró la primera Casa de Campaña por el voto nulo en Santa Cruz; similar actitud se adoptaría en otras regiones del país. Otro fanático incluso sugirió quemar las ánforas.
Uno que pretendió ser su sucesor fue declarado traidor y sin pisada en el Trópico cochabambino; otra envió a su delegado todoterreno (capaz de jugar en varios partidos sin ruborizarse) y fue despedido con las cajas destempladas. Es posible que les haya respondido: mis votos son míos y de nadie más, mi nuevo partido es el nulo.
¿Qué valor tiene el voto nulo? Para Morales tiene un valor simbólico de presión y demostrar que la mayoría del país aún le sigue y puede servir como elemento de presión en el futuro inmediato. En la práctica los votos en una elección se dividen en válidos y no válidos; de manera que el voto nulo entra en este último reglón. Por tanto, no cuentan como válido, pero inciden en el porcentaje final, porque el último ajuste del escrutinio cambia por el porcentaje.
El artículo 166 de la Constitución dice a la letra: La presidenta o el presidente y la vicepresidenta o el vicepresidente del Estado serán elegidas o elegidos por sufragio universal, obligatorio, directo, libre y secreto. Será proclamada a la Presidencia y a la Vicepresidencia la candidatura que haya reunido el cincuenta por ciento más uno de los votos válidos; o que haya obtenido un mínimo del cuarenta por ciento de los votos válidos, con una diferencia de al menos diez por ciento en relación con la segunda candidatura.
Sirva como ejemplo: Si votan 1.000 personas, de las cuales 300 votan por X, 200 por Y, 100 por Z y los votos nulos suman 400, esta sumatoria solo sirven para constatar que 600 son votos válidos y 400 no válidos. Para Morales, esos votos le corresponden y le dan la mayoría moral. En tanto, tomando en cuenta solo los 600 votos válidos, A tendría 50%; B 33 % y C 17%; de manera que A serie el presidente.
En las últimas tres elecciones, los votos blancos y nulos nunca superaron el 7,3% que, a efectos de un conteo posterior, de valor simbólico, no habría que sumar a la bolsa de Morales, porque pertenece a votantes que no están de acuerdo con el sistema político o no confían en ninguno de los candidatos. El voto en nuestro país es obligatorio. Excepto en Venezuela, Colombia y Chile, en el resto de Sudamérica el voto es obligatorio, lo que no sucede en Norteamérica, Europa y África, porque consideran que participar en las elecciones nacionales es un derecho de la ciudadanía.
En nuestro país no existe la abstención que debe entenderse como un signo de descontento, rechazo y protesta frente al sistema político y sus principales actores, partidos, dirigentes e instituciones. La abstención o la ausencia en el día eleccionario tiene una multa del 20% del salario básico.
Sirva de aclaración que la Ley 026 del Régimen Electoral, reconoce tres tipos de votación: el voto válido que es la marca en la papeleta por uno de los nueve candidatos, que es la que al final cuenta. También se puede votar en blanco, lo que equivales a entregar la papeleta sin ninguna señal. Finalmente, este el voto nulo que es la marcada fuera del cuadrado designado, marcar en varias opciones o escribir algún comentario. Morales sugiere marcar su nombre.
En algún momento habría que volver al voto no obligatorio y la forma de la asignación de escaños en base a la votación total incluidos los votos no válidos. Alguien acomodó las reglas a su conveniencia y parece que diseñó su propia mortaja.
Ernesto Murillo Estrada es filósofo y periodista.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.