
De qué color es el sol? La pregunta parece infantil; también la respuesta, porque al unísono los jóvenes universitarios, a quienes se lanzó la cuestión respondieron sonrientes: “naturalmente amarillo” pocos dijeron anaranjado. Cuando les dije que es blanco y por la atmósfera la vemos amarillo, empezó la discusión.
Los toros son agresivos cuando se les muestra el color rojo: falso. Los toros solo ven los colores negro y blanco; reaccionan ante el movimiento y las burlas. Los estados de la materia son el sólido, líquido y gaseoso, cierto, pero falta el plasma que es el gas ionizado. Se podrían colocar más ejemplos de confusión o errores en la enseñanza.
¿Se equivocaron los encuestadores, analistas, politólogos, periodistas, economistas y solo acertó el cartomancista? Sí, responderán los lectores enojados, con quienes disiento, porque la tarea de estos estudiosos es y será la de orientar a la opinión pública con base en los datos que poseen.
Resulta que, tras conocerse el resultado de las elecciones, el que iba tercero terminó primero, en un santiamén; el primero fue tercero y el único que conservó su puesto fue el segundo. El primero saltó del 11 al 30%, los otros se estancaron y desaparecieron los indecisos. Algo pasó.
Tras conocerse los resultados, festejaron los que no debían festejar, los favoritos quedaron mustios y hasta sus discursos fueron desangelados, mientras los ganadores cantaban junto a Julio Iglesias “que no se rompa la noche, por favor que no se rompa”.
Cuando hablamos de errores colectivos decimos que somos estúpidos, nos han lavado el cerebro, o somos víctimas de una psicosis o delirio colectivo. Es probable que a los informadores les entregaron deliberadamente información errónea, lo que equivale a la desinformación; algo parecido al informe de las grandes tabacaleras que nos dicen que fumar cigarrillos no causa cáncer o cuando las petroleras nos afirman que el calentamiento global es un engaño.
Entonces los analistas empiezan a preguntarse ¿qué falló? ¿dónde estuvo el error? ¿quién o quiénes construyeron esta tramoya? Pronto se habla del “presente griego”, del “caballo de troya” y hasta “el engaño cocinado”; mientras los ganadores se atribuyen el cien por ciento del éxito.
Todo esto ocurre en este mundo complejo de la tecnología, donde apenas estamos despertando de nuestros errores, porque las nuevas redes no son un fenómeno puramente técnico. Estamos ante un tipo de movimiento completamente diferente. No se trata de nuevos aparatos o celulares, se trata de nuevos lenguajes, nuevas destrezas mentales, nuevas escrituras, nuevos textos y, por tanto, de nuevos modos de leer, nuevos modos de escribir, nuevos modos de aprender, de producir saber y de nuevos modos de apropiarse de esos saberes. Esto sucede afuera. En tanto, en varios distritos, regiones y pueblos de nuestro país se sigue direccionando a nuestros coterráneos a pensar, hablar, pensar y hasta elegir. Una vez más, todo apunta a un hecho; debemos trabajar mucho en la educación.
Ernesto Murillo Estrada es filósofo y periodista.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.