Imagen del autor
E

l periódico impreso en el mundo está llegando a su fin, su reemplazo está cada vez más cerca, las plataformas digitales que abundan en la actualidad están a la vanguardia.

El periódico impreso de prestigio es parte significativa de la historia de los pueblos, en sus páginas se reflejan los acontecimientos locales y mundiales más significativos, que orientan, informan, polemizan.

Su existencia como parte de lo cotidiano empieza con el día, leer las noticias en un periódico impreso, sentir al tacto el papel, oler la tinta fresca, buscar la información en las secciones, elegir aquella de nuestra predilección es inigualable.

Su lectura, casi siempre, es acompañada por el aroma de café, sobre todo los domingos de holganza, uno hurguetea, lee y relee sus páginas, las deportivas, las columnas de opinión o la inevitable sección de noticias cuyos protagonistas son los gobernantes que no siempre reflejan lo mejor del ser humano.

En sus páginas se reflejan los éxitos, las derrotas, las frustraciones, las alegrías colectivas e individuales, transmiten valores o los objetan, nos dan una idea de cómo es nuestra ciudad o nuestro país, es un termómetro social.

Con el transcurrir del tiempo y los cambios atribuibles a la tecnología, los lectores asiduos son menos, prefieren los textos cortos e informarse al instante en las redes sociales ausentes de reflexión pero llenas de especulación, gran parte del colectivo abraza el amarillismo.

Muchos periódicos al igual que varios medios de comunicación navegan en estas aguas turbulentas, sufren las consecuencias de los avances tecnológicos, pese a sus esfuerzos por adaptarse o modernizarse, a la par son víctimas de intentos de ser controlados por el poder político a través de estrangulamientos de diverso orden, el Gran Hermano orwelliano, está apertrechado en las sombras.

Una existencia en estas condiciones es complicada. Poco a poco se instala en la memoria de la gente, en particular en la de los jóvenes, que un periódico impreso no es necesario, no se aquilata la importancia de su existencia que permite escrutar, denunciar y dejar constancia duradera de los excesos del poder o con orientaciones de análisis serios que han dejado de ser parte de la agenda diaria.

Se puede afirmar que esto mismo lo están haciendo virtualmente algunos importantes comunicadores que asumen el desafió sin el apoyo económico necesario y con una competencia difícil como son los tiktokers o influencers, más interesados en el espectáculo que en la verdad.

En ambos casos la estabilidad ha dejado de ser la norma, lo común es la incertidumbre como parte de una existencia normal.

De ahí, la desaparición de un diario impreso no es buena noticia, en Bolivia suman y siguen los ejemplos, al parecer la onda expansiva depredadora podría llegar a Sucre y afectar al único diario impreso, Correo del Sur, que atraviesa momentos difíciles y que sostenerlo con el esfuerzo de su propietario y unos cuántos periodistas y trabajadores es casi imposible.

La impacto de la empresa privada es pobre al igual que la presencia institucional pública, el Estado nacional, en el pasado, contrataba espacios imponiendo condiciones ofensivas, de no ser aceptadas ponían es riesgo la existencia misma del medio.

Es de esperar que ahora estas formas no se reproduzcan, aunque, en la ciudadanía es habitual que los esfuerzos no sean reconocidos y los halagos sin gasto propio sean recurrentes, no existe el compromiso común de construir futuro, somos un departamento y ciudad detenidos en el tiempo o en retroceso, el bienestar individual o grupal no garantiza un horizonte promisorio.

Correo del Sur es parte importante de la historia de Sucre, ahora tambalea por la falta de apoyo y por las circunstancias antes descritas que no deben cegarnos e ignorar los esfuerzos desplegados por Marco Dipp para evitar que nos quedemos sin un medio de comunicación impreso.

No agradecer a quienes, pese a las dificultades, posibilitan la publicación del periódico, es infame, como es triste que quienes en su impaciencia prefieran el cierre de este medio para obtener una ganancia temporal. Destrozar lo poco que queda y conformarse con algún resto, es una conducta muy común en nuestro medio, que desmonta entidades históricas y nos deja con las manos vacias.

Institucional, empresarial y sectorialmente queda muy poco en pie. Claro hay excepciones como en todo y nos enorgullecemos de ello, pero vale la pena que se mire el bosque, por eso no hay tiempo para los lamentos, es tiempo de mostrar solidaridad y empatía con la ciudad y su destino, no es posible que el único medio impreso de la ciudad termine sus días por la abulia, indiferencia, envidia o angurria de los sucrenses.

La perniciosa costumbre de solazarse con la caída de unos, de responder a las dificultades sin buscar soluciones debe llegar a un fin, denigrar, señalar con el dedo acusador por parte de los infaltables impolutos para saciar su popularidad, esta demás. No se trata de dejar pasar los errores cometidos o deslindar responsabilidades, es más bien saber separar la paja del polvo, todo en su lugar.

Esta no es una invocatoria lastimera, no es nostalgia, no es un pedido de solventar necesidades materiales, es una convocatoria a la solidaridad y al reconocimiento de lo nuestro.

Uno requiere de apoyo cuando esta mal, no cuando está bien.

Germán Gutiérrez Gantier es abogado y político.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.