
l debate y la profusa propaganda marca por estos días el ambiente político electoral, menudean las entrevistas a los candidatos; se acerca la fecha para elegir. Un reciente programa televisado reunió a 3 postulantes considerados de la derecha.
Según el formato que adoptó la televisora, por momentos parecía una maratón de idas y vueltas con preguntas y respuestas de 60 segundos, que dejó en apuros a los aspirantes, acostumbrados a la redundancia y su demagógica verbosidad prolongada.
A cada pregunta no se hizo esperar la respuesta, el trio demostró que dispone de soluciones para resolver los problemas, y que las medidas se aplicaran enseguida, o que dentro de los primeros cien días se habrá resuelto el desbarajuste de los últimos veinte años.
Ninguno explicó con suficiente detalle cómo lo hará. Evasivas para aclarar cuán factibles serán las medidas propuestas, dando a entender que las mejoras serán inmediatas; discurso fogoso cuando no virulento, porque saben que en este pueblo predomina la emoción.
En el resumen, poco de nuevo, sus ofertas y promesas vienen desde meses atrás y, por supuesto, el condimento cargoso: repetir los males que toda la ciudadanía conoce. A pesar de lo cual la opinión pública evalúa quién fue el mejor en el debate, quién fue más seguro, quién planteó de manera más clara sus verdades, y también quién apareció por momentos poco convincente e indeciso.
Los 3 candidatos aseguraron que, a su modo, vencerán la crisis, perfilaron un futuro esperanzador. Se controlará la inflación, terminará la incertidumbre que en el presente impera, y saldremos de la pobreza. Aseguraron que en su gobierno la renovación será profunda ¿habrá penurias y privaciones, que será largo y duro el camino? De esto los aspirantes no comentaron nada.
Y como en anteriores ocasiones: la gastadora y la robadera se escuchó por enésima vez; la gasolina y el diésel costará cinco bolivianos el litro, como muletilla; y que ser empresario es garantía para ser buen presidente.
Fue una de prometer millones, uno de ellos insistió que será en los primeros ¡cien días c...! Los ofertantes comprometieron amnistía para presos políticos. Se terminará el narcotráfico y no habrá corrupción, coincidieron los tres.
Un excesivo promisorio para recomponer a corto plazo la crítica situación; además, se supone, que tendrán el parlamento a favor, y que las leyes necesarias se aprobarán a tiempo con el apoyo de ocasionales "enemigos íntimos" con quienes tendrán que pactar y negociar un cogobierno de estilo boliviano.
Al cierre del programa televisado pudo haber surgido certeza al saber que se tiene decidido por quien votar el 17 de agosto. Como también un desánimo que desde ahora ensombrece la mirada en perspectiva frente al horizonte cercano, donde se puede abatir la esperanza, y mutilar el regocijo de la felicidad añorada. El mañana no solo depende de cuánto haga el candidato elegido. Todo futuro se construye en el pasar de cada día con la conducta ciudadana; pues la realidad resulta de cuanto todos somos, y de cuanto hacemos.
Mario Malpartida es periodista.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.