
nformar con las cifras en millones ayuda a entender las encuestas.
Los ciudadanos habilitados para votar se mantienen: son 7,9 millones según registros del padrón electoral biométrico. La primera operación aritmética consiste en restar de esos habilitados 2,1 millones de blancos, nulos e indecisos, o sea el 34 por ciento que demuestra la encuesta de Ipsos Ciesmori; entonces, los válidos se reducen a 5,3 millones, de los cuales 1,1 millones corresponden a la sigla del primer lugar, equivalente al 21,5 por ciento; y 1 millón para la sigla que obtuvo el segundo, con el 19,6 por ciento; sumados los votos de ambas siglas totalizan 2.1 millones. El tercer lugar obtendría 440 mil votos.
De esta manera, los tres primeros, si deciden ser aliados, alcanzarían 2,6 millones, e incluyendo al quinto redondearían 3 millones de votos Comparando con los 7,9 millones de habilitados se concluye que 4.9 millones no votarían por ellos. Para respaldar que los números expuestos son correctos, es necesario coincidir que una muestra representativa, tiene las mismas características que la población objetivo, y que las 2,5 mil personas consultadas en esta tercera encuesta representan la misma intención de voto que los 7,9 millones habilitados para votar.
Llegado el momento de marcar la boleta, habrán desaparecido los indecisos, y en el recuento se verá cuántos fueron nulos y blancos, que por ahora, integran la categoría de probables. Por su parte los indecisos podrían ser compartidos entre las 8 siglas elegibles de la papeleta.
Entretanto. los candidatos afirman que la situación del país es crítica, resaltan el ostentoso valor de sus propuestas e intentan ser elegidos. En todas las promesas figuran estrategias con acciones de alto impacto; y en los hechos, quiérase o no, se trata de un nuevo "proceso de cambio" y, naturalmente, un "modelo económico-social " de cuyo alcance se conoce la carátula, y los titulares de acciones que serán aplicadas a través de la intervención en múltiples variables, cuyos resultados, en rigor, no son seguros, porque están supeditados al comportamiento de otras variables políticas. económicas y sociales; así como a las expectativas que dentro del cambio tiene la plurinacionalidad en la estructura poblacional, instalada desde los inicios de siglo veinte. Los candidatos dicen poco, porque tampoco les preguntan. No se refieren al desempeño masivo de aquellos que serán despedidos de su trabajo.
Nadie les pregunta sobre las posibles reacciones que en plena democracia pueden llegar con extremos convulsivos debido a las medidas de enorme efecto, y los hábitos de paros y bloqueos que se propagan por cualquier reclamo. ¿Es mejor no hablar, esconder o callar? Disimular emociones humanas latentes, y refugiarse en el consuelo de que no sucederán porque se impondrá la ley y el orden. ¿Habrá problema con la gobernabilidad? A este país lastimado no se trata solo de bajarle la fiebre, sino de recuperarlo hasta dejarlo sano. La terapia comenzará, a decir de varios aspirantes, luego de jurar al cargo, al día siguiente, el primer mes, a los cien días, al primer año, ¿qué harán en el mediano plazo, y más allá?; sería del caso preguntar su visión de país, cuando están dejando el poder, el año 2030.
Mario Malpartida es periodista.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.