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ygmunt Bauman señala puntualmente como la modernidad y la burocracia distancian al actor de las consecuencias de sus actos, provocando que personas comunes participen en procesos destructivos, mucho más antes Durkheim indicaba que la desviación social y las normas de la sociedad se definen a partir de la cohesión y las estructuras sociales.

Maquiavelo al otro extremo afirmaba que el ser humano es malo, egoísta y vil por naturaleza, que la inclinación al mal está inserta en el hombre, que al hombre más le duele la pérdida de su patrimonio que la pérdida de su padre, y que a lo largo de su vida debe perfeccionar su aprendizaje de no ser bueno, de separar lo moral de sus actos y elegir ser temido antes que amado.

El poeta Bertolt Brecht en una de sus obras más conocidas escribía que: hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.

Todo ello conduce a pensar que existieron, existen y existirán personas malas y personas buenas, pero: ¿dónde se sitúan estas personas en el abanico político? ¿Los buenos son de derecha o de izquierda?, ¿los malos son zurdos o fachos?

Lo único cierto es que existen hombres derechos y hombres siniestros, como bien decía Ronald MacLean hace unos días en una entrevista, hombres que independientemente del color ideológico que abriguen son rectos y coherentes en sus acciones y palabras, personas que ingresan a la política para servir al pueblo y no servirse del pueblo, por más trillada y desgastada que esté esa frase, como también personas que son simplemente deplorables, que tienen ojo clínico para ver cómo aprovecharse de cualquier situación, y que tienen una habilidad única para enflaquecer las arcas del Estado.

Las últimas semanas en Bolivia se desnudaron una serie de hechos que rayan lo bizarro, entendiendo lo bizarro como esa mezcla de lo absurdo, lo grotesco y hasta lo surreal, porque realmente es de no creer lo que pasa en nuestra amada patria, el bueno de hoy es el malo del mañana y mañana ya no sabemos quién es quién.

En estos laberínticos meandros de acontecimientos, donde el diésel sube y la moral baja, donde la ambulancia se usa para sacar dinero y no transportar al enfermo, donde un tiktoker llega donde la DEA o la CIA no, pareciera que solo queda seguir caminando a lo Pedro Navaja tentando a la suerte y rogando para que la siguiente persona en tu camino sea una persona derecha y no una persona siniestra.

Juan Pablo Rodríguez es sociólogo.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.