
a juventud líquida responde y se adapta a la modernidad líquida, con esto se hace referencia a la sociedad actual, donde lo liquido reemplazó a lo sólido, a diferencia de lo sólido, lo líquido no conserva su forma, a lo líquido no le importa el espacio ni se ata al tiempo, lo líquido simplemente fluye, se desplaza con facilidad y no se detiene fácilmente.
En la modernidad líquida, teoría planteada por Zygmunt Bauman, el cambio es constante y las personas fluyen rápidamente de evento en evento, sobra la inconsistencia, la sociedad en la modernidad líquida vive en la incertidumbre total, casi todo carece de sentido porque se sabe que pasará, incluso la moda y las novedades pasan raudamente, una noticia es un bum en redes sociales por un par de días y luego se pierde en la nube de la información, se vive en una constante y permanente cortina de humo.
En la sociedad líquida los roles cambiaron radicalmente, los objetos y las relaciones con los pares ya no son diseñados o pensados para durar en el tiempo, pareciese que todo viene con una fecha de vencimiento muy cercana, los objetos están diseñados para dejar de funcionar después de un tiempo corto para obligarte a adquirir otro objeto similar, en las relaciones con las personas pasa lo mismo, ya no sé empieza una relación con la ilusión de que perdure, al contrario, se empieza una relación deseando que termine pronto para empezar otra.
En la sociedad líquida existe un síntoma de lo más común; el síndrome de la impaciencia, donde la espera es simplemente intolerable, a este síndrome le acompañan nuevos valores como la satisfacción inmediata y el individualismo extremo que aleja al sujeto del proyecto común, aspectos como el amor, la amistad e incluso los vínculos familiares se transforman en líquidos huyendo de la responsabilidad a largo plazo, el amor y la amistad en la sociedad líquida es un recurso fácilmente cambiable, las personas están a un click de encontrar nuevos amores y nuevas amistades que pueden ser cambiados en cualquier momento, el amor filial desaparece y es reemplazado por dosis pequeñas de felicidad inmediata.
De tal manera que la juventud líquida colecta todas estas características, es impaciente, busca la satisfacción inmediata, huye a los proyectos a largo plazo, y todo o casi todo es cambiable, personas y objetos, esta suerte de modernidad, sociedad y juventud líquida me lleva a recordar que hace aproximadamente dos años en una avenida concurrida de Sucre, tres jóvenes mujeres que habían consumido bebidas alcohólicas hasta perderse, agredían a una adulta mayor de 66 años y a su hijo, que también en Sucre hace un par de días un joven de 22 años empujaba por la espalda salvajemente a un adulto mayor que había sacado a pasear a su mascota, causándole lesiones de consideración, y que luego otro joven conducía ebrio un camión tipo Nissan Cóndor a gran velocidad causando accidentes y atropellando mascotas para terminar con el camión en un rio y finalmente que una miss abogada representante de la Capital no conocía la Ley 348.
Con estos ejemplos uno piensa que Bauman no estaba alejado de la realidad, que un importante número de jóvenes por buscar la satisfacción inmediata se distanciaron del amor filial, que por buscar la inmediatez desconocen lo valioso de los proyectos a larga data, que por tanto cambiar y reemplazar se perdieron en una nebulosa.
Quizás regresar a lo sólido sea imposible, por lo avanzado de lo líquido, pero quizás se pueda dar algo de forma a la liquidez, crear un recipiente a base de trabajar en la conformación de amistades duraderas, lazos familiares fuertes, parejas basadas en la lealtad y el cuidado mutuo, dejar de mirar siempre por el yo y virar un poco la mirada a la comunidad, al proyecto común que tanta falta hace.
Juan Pablo Rodríguez es sociólogo.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
