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as cortinas de humo son, en la vox populi, estrategias de distracción que son utilizadas por grupos de elite, fuerzas políticas, o gobiernos, para manipular la verdad y así conseguir sus fines y que el grueso de la población no se entere de lo que pasó o está pasando en verdad, las cortinas de humo son puestas en escena para que el espectador ponga su atención y concentración en lo que ve, mientras detrás de bambalinas se articula lo realmente importante.

A lo largo de la historia las cortinas de humo pasaron de los más jocosos e increíbles hechos hasta los más sórdidos acontecimientos, entre los ejemplos jocosos se encuentra la construcción del mito del chupacabras en México, que en la década de los 90 se hizo popular en los medios de comunicación, con avistamientos incluidos, mientras en la práctica existían levantamientos armados y magnicidios, y dentro de los más sórdidos el escándalo Lewinsky y su relación con el bombardeo en Sudán, donde se dice que el entonces presidente Clinton ordenó bombardear Sudan la misma fecha que Lewinsky debía declarar sobre su relación con él.

En más de las ocasiones pareciese que las cortinas de humo son simples coincidencias de fechas, sin embargo, si uno revisa la teoría política este tipo de estrategia requiere de las más altas habilidades y conocimientos en teoría de la comunicación, sociología política y psicología de masas, autores como Chomsky, Klein o Shaw, desarrollaron varias teorías de como instaurar y analizar las cortinas de humo.

En esa línea, para construir cortinas de humo se siguen ciertos pasos; como detectar una crisis o un problema que se quiera esconder a la población, elegir un detonante emocional que provoque la reacción del pueblo, personalizar al enemigo, es decir, darle un rostro y un nombre al culpable del o de los hechos y finalmente monopolizar los medios de comunicación mediante la fijación de una agenda y la saturación informativa.

Ahora bien, si se sigue constantemente los medios de información, es más que seguro que se pueda identificar los pasos antes señalados, y debemos preguntarnos si los últimos acontecimientos son parte de una cortina de humo, si es ese el caso estamos frente a una estrategia de los más perversa y reprochable, si por el contrario se determina que no es una cortina de humo y que lo sucedido es un hecho fáctico, debemos estremecernos y preguntarnos: en qué se está convirtiendo Bolivia, ¿en un país donde se normaliza la violencia? ¿en un país donde se manda a callar voces que pueden llegar a perjudicar al poder? Ante este panorama, y como en todo incendio, lo importante no es distraerse con el humo, sino encontrar el epicentro del fuego.

Juan Pablo Rodríguez es sociólogo.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.