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uiero contarte lo siguiente. Se trata de “La Sinfonía Imposible: Las Peras del Olmo”, la primera sinfonía de Arturo Márquez, el célebre compositor mexicano del muy conocido Danzón No. 2. Fue comisionada por la directora Alondra de la Parra para ser interpretada por la Orquesta Imposible, un ensamble que reúne a solistas de talla mundial.

La composición es un manifiesto social que aborda las grandes preguntas de nuestro tiempo y tiene ocho movimientos (o variaciones) que exploran justamente esas preguntas o temas críticos de “nuestro momento en la tierra”: Cambio Climático, Resiliencia, Igualdad de Género, Sin Retorno, Magicicada (Empatía): Inspirada en cigarras que sincronizan sus ciclos para sobrevivir, Controversia: Escrita para dos violines y orquesta de cuerdas, Migración y Utopía. La sinfonía se estrenó en 2022 durante el Festival PAAX GNP en la Riviera Maya, México.

El movimiento Equidad de Género es muy especial porque es para dos chelos solistas: un hombre y una mujer quienes tocan el mismo material muy difícil. Y para la mujer es mucho más difícil, porque toca una octava arriba. Además, se hace un “divisi”, es decir se divide la orquesta en mujeres y hombres. Las mujeres tienen que tocar una parte y los hombres otra.

“Es muy emocionante —relata De La Parra en sus redes sociales— por cómo tocan los varones y las damas en este diálogo que se suplica por igualdad y que, sólo cuando ambos deciden tomarse de la mano, llegan al fin. Es muy conmovedor”.

Te lo cuento porque, si bien podría haber ahondado en la tragedia que sucedió en el aeropuerto de El Alto, con más de una veintena de muertos y más de 30 heridos, y un saldo monetario aún desconocido, lo cierto es que no me siento capaz de teorizar y filosofar sobre las actitudes que tuvieron los pobladores y llegaron al lugar del siniestro; unos para tratar de ayudar y otros para hacerse con el dinero que salió volando del malogrado Hércules.

Cada tragedia tiene una serie de matices grises, y no sólo una gruesa división de blancos y negros, donde unos son los malos y otros los buenitos. De ahí que señalar con el dedo para acusar a unos u otros de lo que hicieron no entra en mi competencia.

Lo que sí está mal y es permanente, es la brecha de género. En Bolivia, llega al 74.6%, ocupando el puesto 44 en el índice global. Ahora que se acerca la celebración por el Día Internacional de la Mujer, piensa por qué las bolivianas ganan un 27% menos, en puestos similares, que los hombres.

El 8 de marzo sirve para visibilizar la desigualdad de género y para reivindicar la lucha por la igualdad efectiva de derechos para las mujeres y debe servir para la reivindicación de nuestros derechos. Ojo que la mayoría de los pobres del mundo son mujeres. Sólo el 2% de la tierra del planeta pertenecen a mujeres mientras que el 98% son de varones.

El lema para este año es “Para TODAS las mujeres y niñas: Derechos. Igualdad. Empoderamiento.”

Supongo que se entiende todito, ¿verdad? ¿O seguirás pensando que igualdad, empoderamiento y derechos, no son para TODAS?

Tal vez Bolivia necesite ensayar un poco más, afinar prejuicios, cambiar el compás de la indiferencia y entender que ningún país puede estar afinado si la mitad de sus músicos toca en silencio o cobra menos por la misma nota. Y cuando llegue el siguiente 8 de marzo, ojalá no aplaudamos sólo el discurso, sino el gesto sencillo de tomarnos de la mano, como esos dos chelos obstinados que descubren que la armonía no es un milagro, sino una decisión. Porque si hasta las cigarras saben sincronizarse para sobrevivir, no debería ser tan revolucionario que nosotras y nosotros aprendamos, de una buena vez, a tocar la misma melodía con los mismos derechos.

Mónica Briançon Messinger es periodista.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.