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xiste una notable incoherencia en el actual gobierno: la de culpar a las anteriores gestiones del MAS por la ineficiencia e incompetencia en el manejo de los mecanismos del Estado y, al mismo tiempo, incluir a militantes y funcionarios de esa organización como operadores del actual Ejecutivo. Todo esto ocurre dentro de una estrategia que busca contradecir al MAS como programa de gobierno y anularlo como fuerza de oposición incrustada en los sectores populares.

En repetidas ocasiones, personeros del actual gobierno y el propio presidente del Estado han señalado que el MAS manejó de manera irresponsable los recursos públicos, habiendo dilapidado más de 100.000 millones de dólares. La gestión del MAS sería la responsable del colapso en el sector de hidrocarburos y, en general, de haber falseado indicadores mediante el gasto corriente y un elevado endeudamiento; todo esto en un marco agravado por la corrupción y la descomposición institucional.

Pero la postura oficial no se limita a una crítica de gestión y orientación política; es también un ataque directo del gobierno al MAS, al que responsabiliza de agitar a los sectores sociales y de operar para enfrentarlos con la actual administración.

Si convenimos que las ideologías son planteamientos doctrinales que se plasman en políticas públicas a través de operadores concretos, ¿cómo entender la avidez del actual gobierno por recurrir a funcionarios de mediano y alto nivel que sirvieron a las anteriores gestiones del MAS? ¿Cómo pretender que estos planifiquen y apliquen medidas que, en principio, serían contrarias a las que defendían y aplicaban durante los mandatos de Evo Morales y de Luis Arce Catacora?

Ante esto, se nos presentan varias conjeturas explicativas:

La orfandad de equipo: Una hipótesis es que Rodrigo Paz, al haber llegado a la presidencia de Bolivia de manera inopinada, no preparó un equipo de gestión adecuado. En esa orfandad, no le habría quedado más opción que recurrir a técnicos y especialistas masistas, desconfiando menos de ellos que de los cuadros políticos y técnicos de los partidos de oposición (como Libre y UN). Estos últimos deberían ser sus aliados naturales pero, por razones difíciles de descifrar, se encuentran marginados de cualquier injerencia en el actual gobierno.

La trampa de la burocracia: Otra posible explicación es que, al desconocer las dinámicas profundas de la estructura social boliviana, Rodrigo Paz no prestó atención a los mecanismos propios de la burocracia colonial en Bolivia. En lugar de desarticularla como condición previa para encarar un nuevo ciclo político, se dejó atrapar por ella, reduciendo su gestión a un simple epifenómeno de un periodo de transición, sin mayores pretensiones transformadoras.

Bajo este supuesto, basta con incluir una manzana dañada —un elemento de la casta burocrática colonial— para que esta se arraigue, se consolide y contamine el entorno, hasta reproducir el ecosistema político que le es primordial para medrar cada vez más a gusto. En este escenario, los “funcionarios masistas” cooptados no son elementos doctrinales ni politizados, sino que forman parte de esa categoría tan boliviana de los “invitados”, que estuvieron antes en el esquema del MAS como habrían podido estar en cualquier otro.

La influencia del asesor estratégico: Una última interpretación nos remite a la posible influencia de algún asesor estrella, quien logró poner a Bolivia en el panorama mundial (como si la personalidad del presidente no bastase para ello) y que creyó genial imaginar que se podía desestructurar a un movimiento popular como el MAS a través de sus mismos funcionarios de alto nivel. Sería algo similar a lo que sucedió en Venezuela, cuando los Estados Unidos neutralizaron al chavismo y a Nicolás Maduro recurriendo a los buenos oficios de figuras del propio entorno oficialista, como la actual presidenta de ese país, Delcy Rodríguez.

Este último escenario —de haberse dado— ignora las peculiaridades de nuestro país. En Bolivia existen caudillos, no aparatos, y el MAS es y seguirá siendo Evo Morales. Así, mientras más se llene la actual administración de funcionarios “masistas” en todos los niveles, menos funcional será para cambiar el rumbo estratégico del país y, sobre todo, para neutralizar al animal político que es Evo Morales y tener, por lo menos, audiencia en los sectores populares. Por ello, los plazos del actual presidente para estabilizarse y estabilizar a la nación serán cada vez más breves y perentorios.

Pedro Portugal Mollinedo es historiador y analista.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.