
o era una simple amenaza, el presidente chileno José Antonio Kast puso en práctica su Plan Escudo Fronterizo, una estrategia que la califica como medida necesaria para restablecer la soberanía chilena, frenar la migración irregular, el contrabando y el crimen organizado. “Cerramos esta ventana” dijo (zanjas y muros de hasta cinco metros más drones).
Dos días más tarde, Bolivia y Brasil firman un ambicioso plan de integración y medidas económicas que tienden a establecer lazos de desarrollo entre un país con 12 millones de habitantes y otro de 215 millones, con un mercado amplio para los productos bolivianos. “Una gran puerta de oportunidades”, señalan los analistas. Esta agenda bilateral tiene como meta impulsar la cooperación económica, social y estratégica para ambos países.
Las relaciones con Chile han sido ásperas a lo largo de siglo y medio, sobre todo en el tema de las aguas. Justamente, la privación de la cualidad marítima (1879), el desvío de las aguas del río Lauca (1962) y la reciente controversia por las aguas del Silala (2022), dejan un sabor amargo del lado boliviano, porque en materia jurídica, Chile sacó la parte del león y Bolivia, la del ratón.
Aparte de los nueve puntos de diálogo: Seguridad fronteriza, transporte ferroviario, conexión vial, energía, corredores bioceánicos, logística portuaria, comercio e inversiones, minería y agricultura, se menciona el tema de la gestión conjunta de recursos hídricos transfronterizos, que contempla financiamiento internacional por 5,3 millones de dólares para programas de gestión integrada de cuencas. Una vez más nos sumergimos en un tema de aguas.
Habrá que recordar que la aspiración boliviana, para que Chile compense el uso centenario de las aguas del Silala, aceptada en un inicio por Chile, concluyó con cero centavos, por errores diplomáticos en las negociaciones. Al final, la determinación de la Corte Internacional de Justicia de La Haya determinó que esas aguas tienen un curso internacional, que Chile tiene derecho al uso equitativo y razonable de las aguas del sistema del Río Silala, de conformidad con el derecho internacional consuetudinario; además, Chile tiene la certeza jurídica sobre el uso continuo de estas aguas sin compensación. Derrota total.
Aunque duela volver a tocar la herida, habrá que recordar que el río Silala nace en el territorio de Bolivia, de manantiales de aguas subterráneas en los humedales del Sur (Orientales) y del Norte (Cajones), situados en el Departamento de Potosí de Bolivia, aproximadamente entre 0,5 y 3 kilómetros al noreste de la frontera común con Chile, a una altitud de unos 4.300 metros. A estos humedales andinos también se los conoce como bofedales, situados en una región árida que limita con el desierto de Atacama.
En 1913, con el objetivo de facilitar el comercio boliviano se construyó la línea férrea entre el puerto de Arica y La Paz, que Chile lo sigue utilizando; cuando se empezó a construir se requerían esas aguas para las locomotoras a favor, razón por la que se ampliaron los canales de esas aguas. El 14 de mayo de 1997, el entonces Prefecto del Departamento de Potosí, mediante Resolución Administrativa revocó y anuló la concesión otorgada en 1908 para explotar las aguas del manantial del Silala, por considerar que su objeto, causa y finalidad habían desaparecido, ya que las locomotoras a vapor habían dejado de utilizarse.Además, las aguas de manantial del Silala, que se encontraban íntegramente en territorio boliviano, creaban humedales, desde donde se conducían las aguas mediante obras artificiales, “generando un sistema que carece de toda característica de río, menos aún de río internacional de curso sucesivo”.
En 2019, Chile presentó un documento, denominado “Proyecto de Acuerdo de 2019”, como una nueva propuesta destinada a poner fin a la controversia sobre el Silala. Según Chile, la propuesta no recibió respuesta de Bolivia y como dicen los niños: colorín colorado, el cuento...
Un dueño de casa tiene el derecho de hacer las obras que considere necesario dentro sus límites; el vecino puede poner mala cara e interpretar ese Escudo Fronterizo como señal de una vecindad poco agradable. Como dice don Ferdinand Saussure en el signo lingüistico, existe el significante y el significado; el significante es la imagen con que se representa el concepto; en este caso, zanjas y muros; el significado es la idea que se despierta en el cerebro. Para un chileno es un muro de protección para cuidarse; para los bolivianos y peruanos puede ser un signo de escaso nivel amistoso.
Viene como anillo al dedo esta expresión del filósofo español Santayana: Quien no conoce su historia está condenado a repetirla “The one who does not remember history is bound to live through it again”.
Ernesto Murillo Estrada es filósofo y periodista.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
