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e guste o no, estamos viviendo los efectos de una guerra. Más allá de la crisis económica, en alimentos y el ataque directo al acto de moverse libremente por Bolivia, existe un daño directo a tu salud mental.

Uno de los grandes éxitos en una guerra radica, precisamente en haber ganado sin haber disparado armas y exactamente eso es lo que nos pasa. Nos están ganando la moral, nos están minando la autoestima, sentimos que la solución es migrar, o simplemente comer nuestra bilis todos los días y convertirla en emociones que van en contra de nosotros mismos.

Te quiero hablar hoy de la salud mental, de tu salud mental. No pretendo que éste sea un ejercicio del tipo arcoíris, unicornios, “decreta y el Universo te dará”, “sé positivo y todo va a estar bien” o que con “diálogo nos encontraremos con el otro”.

Más bien, todo lo contrario. Este es un ejercicio para enfrentar la realidad tal como es. Si no cuidamos nuestra salud mental, el daño de este mal llamado “conflicto social”, puede ser permanente e irreversible.

Aquí tres ideas para afrontar el tema.

Uno: tenemos que cambiar nuestra forma de consumir las redes sociales, dejar de “infoxicarnos” porque a título de estar siempre informados, con las últimas noticias, lo único que hacemos es ser víctimas fáciles de noticias falsas, de tergiversaciones, de malas interpretaciones y sobre todo de la imposibilidad de hacer algo.

Finalmente, una noticia no sólo es válida por lo que aporta sino por la posibilidad de qué tú, como ciudadano, puedas hacer algo al respecto; pero en este caso sugiero que aprendas a leer las noticias y preguntarte ¿vale la pena ver un noticiero todos los días? ¿vale la pena seguir a tanto periodismo amarillista todos los días? Tal vez es hora de empezar a ser selectivo con lo que ves en las redes sociales. Diez minutos de noticias al empezar la jornada en un par de periódicos, y el resto del día, apaga la TV, almuerza y cena en paz.

Dos: hackea tu algoritmo. Las redes sociales te muestran lo que creen que te podría gustar, por lo tanto dile exactamente qué es lo que te gusta y qué no. Al lado de cada publicación hay una opción que dice “quiero ver más de esto” o “no me interesa”. Mi recomendación es que le empieces a dar “no me interesa” a todo lo que sientes que te hace daño especialmente al Rage Bait (anzuelo para la ira) y a todo lo que te molesta y te enoja. Aprende a usar sabiamente tu tiempo digital, en plena Economía de la Atención, estás entregando lo único que te pertenece y que sí puedes controlar: el lugar donde pones tus ojos y tu interés. Deja de pelear con bots, no más humoristas que hablan de político, ni políticos que son humoristas. El tiempo valioso que tienes, úsalo para potenciar tus habilidades.

Tres: Construye y cultiva un jardín interior. Cuán importante es, en estos tiempos, cambiar la agenda mediática en tu hogar y dejar de preguntarse “y ahora qué va a pasar, y ahora qué haremos”. Empieza a preguntar ¿qué libro estás leyendo, qué serie me recomiendas, qué actividad podríamos hacer con los niños? y comienza a cultivar tu interior escuchando nueva música, leyendo libros y haciendo cosas que pondrán en pausa lo que está sucediendo afuera. No dejes que ese enemigo anónimo, gane cada vez que tú hablas del conflicto, no le dé ese privilegio y empieza a cultivar tu jardín interior.

Como experiencia personal, sigo una oración, la más famosa y utilizada en las reuniones de Alcohólicos Anónimos llamada la Oración de la Serenidad y que fácilmente aplica para nosotros, porque adolecemos exactamente de lo mismo: una adicción que nos destruye.

“Señor, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo, y la sabiduría para reconocer la diferencia”.

Mónica Briançon Messinger es periodista.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.