
os alumnos destacados del narco pedófilo, escondido en el Chapare, rinden homenaje a su profe. Entonarán, a coro general “queremos la renuncia de Paz”. Prosiguiendo con el programa, continuarán con los bloqueos, las marchas y los dinamitazos en La Paz.
Para finalizar los aplicados alumnos decidirán en gran concentración, y unánimemente, que las reivindicaciones salariales, y la lucha por los más desposeídos, serán las consignas de siempre, en un país confiscado por bandas delincuenciales y secuestrado por mafias sindicales.
El fugado enseñó muy bien a sus estudiantes. Todos obtienen la mejor nota y es parte del halago que siente cada día, pero, especialmente el 6 de junio. Día del profesor en Bolivia. Día que ha enseñado muchas cosas. Entre ellas la extorsión, el chantaje, el bloqueo, y las marchas como instrumentos de coacción e imposición de sus caprichos y pretensiones de erigirse como el mandamás de Plurilandia.
Los narcomasistas, animados por su jefazo, continuarán con sus medidas. Al 1 de junio Cochabamba amaneció como epicentro de los bloqueos, con 32 vías cortadas, el segundo departamento más afectado fue La Paz con 19 puntos de bloqueo, mientras que en Potosí habían 16, Oruro 11, Chuquisaca nueve y Santa Cruz tres cortes de rutas.
El 1 de junio se cumplieron 32 días de movilizaciones por sectores campesinos y miembros de la Central Obrera Boliviana (COB), que rechazan el diálogo con el Gobierno y solo exigen la renuncia del presidente Rodrigo Paz.
La escritora Erika Gottlieb señala “a punta de bloqueos, a principios de los 2000, Evo Morales llegó a la presidencia con un sentimiento de hartazgo en la población: ‘Que gobierne pues, al menos así no habrá bloqueos’. 26 años después seguimos en lo mismo, este terrorista, pedófilo, narcotraficante está mostrándonos cómo se bloquea, dándonos cátedra de cómo se tumban gobiernos a punta de bloqueos.
Ese es el maestro que tiene una cohorte de narco alumnos estudiosos. Pero están también los otros. Y las otras. Las que no se rinden y no se cansan persistiendo en la educación de calidad, en proteger el conocimiento y transmitirlo a las nuevas generaciones.
Son quienes enseñan el valor de la democracia. La trascendencia de un río, o cuán importante es sumar, restar, multiplicar y dividir. Son los profesores y profesoras que acuden cada día a los colegios para enseñar.
También estamos las que en algún momento fuimos profes, docentes, y maestras y ahora estamos buscando, cada día, cómo producir una comida decente, aunque los productos escaseen o sus precios estén por las nubes.
Somos mamás, tías, abuelas, nietas, primas, madrinas, sobrinas o ahijadas que no tenemos nada que ver con la “disfrazada” lucha sindical “por el bien del pueblo” y aprendemos cada día, las unas de las otras, y de los otros, los sacrificados padres, tíos, primos, sobrinos, padrinos y ahijados, a vivir en un país cuyo lema debería ser el “sin vivir, en el país imposible”.
Por eso este 6 de junio conviene distinguir entre quienes enseñan a cerrar caminos y quienes abren horizontes. Entre los que reparten consignas como tareas obligatorias y los que, con una tiza, un cuaderno o una simple conversación, siembran preguntas, criterio y libertad. Los primeros hacen mucho ruido; los segundos hacen algo más peligroso para los autoritarios: enseñan a pensar.
Y quizá ahí resida la esperanza en este país imposible. Porque mientras algunos alumnos destacados siguen repitiendo las lecciones del bloqueo, la amenaza y la obediencia ciega, millones de bolivianos continúan aprendiendo y enseñando otras materias: trabajo, esfuerzo, solidaridad y tenacidad. Puede que esas asignaturas no aparezcan en los discursos ni en las concentraciones, pero tienen una ventaja decisiva: son las únicas capaces de sacar a Bolivia de esta larga y absurda escuela del bloqueo.
Mónica Briançon Messinger es periodista.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
