
l estudio del bronce de Tiwanacu es importante ya que permite ver que en este gran imperio no solo existía la agricultura de los pequeños campesinos ni que sus habitantes solo vivían para rezar al dios sol -entre otros- como lo afirman los académicos tradicionales del mundo. Permite también determinar el grado de avance histórico de esta sociedad en relación con otras sociedades tanto del área andina, como de América y del mundo.
En la prehistoria y después en la historia de la humanidad han existido sucesivamente las edades de la piedra, del cobre, del bronce, del hierro y del acero. Cada una de estas edades duró miles de años. Los habitantes de la región alrededor del lago Titicaca también conocieron las edades de la piedra, del cobre y, finalmente, Tiwanacu específicamente desarrolló la metalurgia del bronce. Los mayas y aztecas de Centro y Norteamérica solo accedieron a la edad de la piedra, mientras que la mayor parte de las sociedades del norte y del sud del continente americano solo llegaron a ser tribus de cazadores y recolectores de alimentos.
El bronce, una aleación de cobre con otros metales es importante porque permite determinar el grado de avance económico, social, tecnológico e histórico al que había llegado una sociedad. El avance depende de la calidad de esta aleación, de la cantidad producida, de la población involucrada, así como de su introducción como herramienta en otros sectores productivos como la agricultura, la ganadería, el tejido, diversas artesanías, la minería y otros. Para los académicos tradicionales del mundo nada de esto existía.
Los hallazgos hace muchas décadas de producción de minerales relacionados con el cobre y el bronce en diferentes zonas de los “Andes Centrales Sud” (la región de lo que hoy es Bolivia, el norte argentino y chileno, Perú y Ecuador) revelan que las sociedades de esos tiempos estaban produciendo cobre, así como diversas calidades de bronce. Las poblaciones que habitaban alrededor del lago Titicaca -un “mar interior”-, como Tiwanacu, jugaron un protagonismo más relevante.
Pero no solo alrededor del lago se producía el cobre y el bronce sino también en otras regiones de los Andes. En cuanto a las investigaciones arqueológicas, el arqueólogo japonés Izumi Shimada publicó (1995) que la antigua sociedad Sicán del norte del Perú produjo a mediados del siglo X d.C un gran yacimiento de “cobre arsenical”, es decir una especie de bronce elemental más avanzado que el simple cobre. Este materia permitió a esta sociedad producir nuevas y mejores herramientas y reemplazar las antiguas que antes eran de hueso y piedra.
Posteriormente, la arqueóloga francesa Anne Marie Hocquenghem publicó (2004) que había encontrado en la costa norte del Perú, también en Sicán, varias piezas de herramientas y ornamentos fabricados con el material que llamó esta vez “bronce arsenical”. Como efecto de la nueva metalurgia esta sociedad se encontraba en proceso social de “ampliación de la frontera agrícola, de crecimiento demográfico, de extensión de las rutas de intercambio, de crecimiento del sector administrativo y ceremonial y fortalecimiento del poder de la teocracia Sicán.” O sea que este proceso de crecimiento de la metalurgia del cobre tuvo efectos simultáneos interactuantes con la sociedad, con la economía y con la política, no se trataba de fenómenos separados.
Por otra parte y diferentemente, la arqueóloga estadounidense Heather Lechtman (1998), considerada en la región una autoridad en materia del bronce, tenía una opinión distinta a la de los anteriores. Para esta especialista el bronce e incluso un “rango de bronces” ya se producía desde mucho antes en el imperio de Tiwanacu, en la cuenca del lago Titicaca durante los siglos V al XI d.C, es decir varios siglos antes de la sociedad de Sicán estudiada por los arqueólogos mencionados.
La sociedad de Tiwanacu producía el bronce considerado más puro y duro, el “bronce estañifero”, así como y aleaciones finas con zinc. Se encontraron varios yacimientos productores de herramientas, armas y ornamentos en diferentes aldeas cercanas y lejanas (en el altiplano hoy boliviano, en el norte argentino y chileno y en el sud peruano) bajo la influencia del imperio de Tiwanacu. Los productores de bronce utilizaban pequeños hornos de fundición fabricados con barro cocido. Los hornos funcionaban en las alturas cerca de las aldeas aprovechando los fuertes vientos. No existían fuelles mecánicos en esos tiempos en los Andes.
A pesar de la variedad de objetos de bronce estudiados por Lechtman, ella considera que “no se puede sostener que en los Andes haya existido alguna sociedad que haya accedido a la edad de bronce”. Según ella, las sociedades andinas, y en particular Tiwanacu, “no reunirían las condiciones y las características necesarias para llegar a serlo”, como lo hicieron las sociedades europeas antiguas. Ella argumenta que los arqueólogos europeos hablan de una Edad de Bronce “cuando cambios importantes en el desarrollo de ciudades, el intercambio a larga distancia de bienes exóticos y el crecimiento de grandes estados políticos coincidieron con el desarrollo del bronce y hasta cierto punto fueron facilitados por la producción de este material.“
Ella continúa, lo que se observa más bien “es una explotación de una gama mucho más extensa de recursos minerales y una prolija experimentación con nuevos materiales cuyas propiedades fueron muy diferentes de aquellas de los metales y aleaciones más viejos: propiedades de dureza, resistencia, ductilidad y color”.
Para esta arqueóloga, el imperio tiwanacota no habría accedido a la edad de bronce porque no habría experimentado aún los cambios que menciona. Observamos, sin embargo, que esta gran especialista conoce mucho sobre la tecnología de los bronces, pero conoce poco o nada sobre la vastedad de las características económicas, políticas, comerciales, tecnológicas, ganaderas y otras del imperio de Tiwanacu.
Ella desconoce lo que era, existía y se hacía en la sede capital política de Tiwanacu, así como los intercambios comerciales de larga distancia de productos de diferente tipo entre las aldeas del norte argentino y chileno y el sur peruano con el altiplano boliviano -intercambio intenso de bienes de diferentes alturas-, es decir, entre la costa del océano Pacífico con las diferentes aldeas del interior. Ella desconoce que entre los bienes transportados e intercambiados entre las aldeas del imperio se encontraban diferentes minerales en bruto o terminados, alimentos procesados o listos para consumir y diferentes materias primas para producir otros bienes.
Para el transporte de carga entre las diferentes regiones de los Andes la nobleza comerciante tiwanacota utilizaba sus grandes caravanas formadas de cientos de camélidos.
Por último, consideramos que existe en la especialista un error de comparación histórica. Ella compara la edad de bronce de las sociedades europeas y de Asia que se encontraban muy avanzadas históricamente con Tiwanacu que se encontraba al inicio de su propia historia de la edad de bronce. Mientras las sociedades europeas se influenciaban mutuamente para desarrollar el bronce, gracias al mar mediterráneo, Tiwanacu lo hacía prácticamente sola. Para fines comparativos, estos temas nos recomiendan realizar una periodización de las sociedades que accedieron al bronce.
Bernardo Corro Barrientos es economista y antropólogo.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
