
ada año o dos los grandes rankings internacionales de evaluación de las universidades del mundo publican sus informes (OCDE, Cambridge, Shanghai, etc.). Cada Ranking utiliza criterios y metodologías propias para calificar diferentes aspectos considerados importantes para calificar a las universidades de los países del mundo. Los países desarrollados y las autoridades de las grandes universidades del mundo atribuyen gran importancia a estas evaluaciones ya que describen las características y la calidad de los profesionales que van a manejar sus instituciones y empresas. De la calidad de sus profesionales depende en realidad el desarrollo económico de sus países y el bienestar y prosperidad de sus poblaciones.
En síntesis, los rankings de evaluación estudian cuántos premios Nobel existen en las universidades, cuántos doctores y académicos de alto nivel, cuantos investigadores publican libros y artículos en las mejores revistas científicas del mundo, cuantos estudiantes se titulan con el título de doctor y otras características. En los últimos 10 años las consideradas por estos rankings como las mejores universidades de América Latina son dos universidades de Campinhas en Sao Paulo, Brasil, la Universidad Católica de Santiago en Chile, la UNAM de México y otras en otros países. En Estados Unidos existen muchas otras, así como en los países europeos.
La exigencia de los rankings de que los docentes de las universidades tengan un nivel de doctorado tiene por finalidad mejorar el nivel de la enseñanza en las universidades y carreras. Un “doctor” es aquel que ha formulado un aporte nuevo al conocimiento (en el ámbito nacional e internacional) en las diversas disciplinas (ingeniería, biología, medicina, física, etc.).
Cuando un doctor da clases de una materia, imparte también al mismo tiempo los nuevos conocimientos que generó. O sea que son los estudiantes los que se benefician con los nuevos conocimientos. Los candidatos a doctores antes de poder dar clases invierten algunos años en la preparación de sus tesis y en la acumulación de conocimientos.
Es diferente en el caso de los docentes-licenciados en las universidades bolivianas. Estos no han formulado un conocimiento nuevo y ni siquiera tienen nuevos conocimientos impartidos antes por sus docentes en el tiempo de sus estudios.
En estas condiciones, los docentes licenciados de las universidades públicas, privadas y católicas de Bolivia solo pueden impartir conocimientos obsoletos. Este es uno de los dramas de las universidades bolivianas en general. Hay otros defectos que los vamos a ver en los próximos párrafos.
En Bolivia, lamentablemente, prolifera alrededor de las universidades la venta publica de documentos de tesis a los estudiantes por parte de avezados comerciantes de tesis. Cada año, un comerciante puede vender una misma tesis a 10, 20 o más estudiantes a precios interesantes. A las tesis que venden añaden el nombre de los estudiantes compradores, así como el año y la universidad que corresponda.
Los anuncios de estas ventas se exponen públicamente en las paredes y kioskos cercanos de las universidades públicas, privadas, católicas y… militares. Todo esto es público, todos lo saben y nadie se avergüenza.
Es importante también para estos Rankings, evaluar cuantos profesores de una universidad son titulados en otras universidades del mismo país y cuantos lo son de universidades extranjeras. Se considera menos bueno que los titulados doctores en una universidad sean luego contratados como docentes por la misma universidad. Diferentemente, se considera bueno que un buen porcentaje de docentes (10, 20, por ciento …) sean titulados en otras universidades del país o del exterior. El objetivo de estos criterios es evitar el anquilosamiento del conocimiento de los docentes, y permitir el acceso de los estudiantes a conocimientos nuevos e internacionales.
En los países desarrollados se realizan esfuerzos para impedir la llamada “endogamia”, la plaga de las universidades bolivianas en general y de muchas universidades latinoamericanas. El concepto de “endogamia” define la práctica de las universidades mediocres que contratan en su planta docente de preferencia a titulados formados en las mismas universidades donde estudiaron sus licenciaturas. Esos docentes-licenciados no están capacitados en realidad para impartir conocimientos nuevos, renovados, de alta calidad y comparables con los que poseen los profesionales doctores de los países desarrollados.
Otro defecto que daña a las universidades bolivianas es el llamado “diplomado en educación superior” importado de Cuba. Este curso fue incorporado en 2015 en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) de la ciudad de La Paz y luego generalizada a todas las universidades públicas, privadas y católicas del país. Este diplomado realizado en algunas semanas —previo pago elevado por los estudiantes— consiste en algunas técnicas como la elaboración de cuadros sinópticos en pizarras mediante diversos tipos de dibujos (cuadrados, redondos, triángulos, etc.), así como algunas técnicas de presentación en computadoras (ZOOM, etc.). Gracias a este curso corto, los candidatos a docencia son admitidos fácilmente en las universidades, mientras que otros son rechazados aunque tengan doctorado, libros publicados, artículos escritos, etc. Actualmente las universidades bolivianas, incluyendo a las privadas y católicas, están llenas de docentes licenciados con “diplomados de educación superior”, con mayor importancia que los docentes doctores.
El gobierno de Cuba inventó este curso en los años ochenta y noventa con la pretensión de colocar a los profesionales de las universidades cubanas en un nivel “igual o superior“ al de los académicos de los países desarrollados. Este diplomado no puede ocultar, sin embargo, la inferioridad de los profesionales cubanos ante los académicos de los países desarrollados caracterizados por formular frecuentemente nuevos conocimientos en las distintas ramas del saber. Es lo mismo en el caso de los profesionales bolivianos acreditados con el “diplomado de educación superior”.
En síntesis, como se expuso más arriba, los profesionales y académicos considerados de buen nivel por los rankings internacionales se caracterizan por poseer un alto nivel de formación y de conocimientos en las diversas ciencias y disciplinas del saber y ser capaces de contribuir al desarrollo de las instituciones y empresas de sus países. Estos académicos, se caracterizan asimismo por la producción de libros y publicaciones en las mejores revistas científicas del mundo, así como por ganar importantes premios internacionales por sus contribuciones a las ciencias y a los conocimientos.
Los estudiantes y los docentes bolivianos se dan cuenta de la realidad en que se encuentran sus facultades y universidades. En el contexto internacional, las universidades bolivianas y sobre todo los estudiantes, se enfrentan a la alternativa de continuar en el letargo empobrecedor, o emprender el proceso de modernización. El futuro de Bolivia depende de esta alternativa.
Bernardo Corro Barrientos es economista y antropólogo.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.