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esde su bastión político en el Chapare, Evo Morales vuelve a lanzar acusaciones de narcotráfico contra el Gobierno, mientras intenta reescribir su propio historial político y judicial. Lo hace con el discurso clásico del victimismo geopolítico, asegurando que “hay intentos de destruir los movimientos de izquierda en América Latina”, como si se tratara de una conspiración continental y no de procesos judiciales concretos.

Morales insiste en presentarse como perseguido, negando las acusaciones más graves que enfrenta. Desde el Chapare declaró: “Todo falso, no se metan con la familia”, intentando convertir un proceso judicial por presuntos delitos contra una menor de edad en un simple ataque político.

Pero el problema no es solo moral. Es estructural. El Chapare, su feudo político durante décadas, ha sido también uno de los territorios más opacos en materia de control del narcotráfico. Morales gobernó casi 14 años con poder absoluto y construyó una estructura sindical-territorial que hoy funciona como refugio político, con guardias sindicales y barricadas, para evadir la justicia.

Mientras acusa al Gobierno y a Estados Unidos, evade una orden de aprehensión y desafía al sistema judicial desde la clandestinidad territorial. Su discurso antiimperialista no busca combatir el narcotráfico ni defender la soberanía. Busca blindar su figura política y evitar rendir cuentas.

La paradoja es evidente: el líder que durante años defendió que “la hoja de coca no es cocaína” y acusó a la lucha antidrogas de ser una herramienta geopolítica, ahora acusa al Estado de complicidad con el narcotráfico sin presentar pruebas verificables.

No extraña la actitud y el cinismo de Evo Morales, él demostró no tener límites el momento de hacer política, manipula y miente a sus huestes que demuestran mantener fidelidades políticas.

Lo que genera sentimientos de impotencia es que la policía y la justicia hagan cálculos políticos para ejecutar una orden de aprehensión que data de febrero del año pasado. ¨La captura podría implicar un riesgo muy alto, incluso con posibilidad de enfrentamientos violentos¨ declaró el comandante de la Policía el año 2025. El Actual comandante Mirko Sokol declaró: ¨No hay ningún plan para capturar a Evo Morales¨.

La detención de Evo generará bulla y reacciones de sus bases políticas, seguro que sí, pero el sentimiento de hastío e impotencia de la ciudadanía también tiene límites. La confianza y la legitimidad del gobierno son incuestionables, pero ya es tiempo de frenar al pederasta que nos dejó al borde del abismo. Evo Morales tiene que rendir cuentas.

Bolivia no necesita caudillos refugiados en enclaves políticos, ni líderes que acusen mientras evaden la justicia. Necesita instituciones, verdad y responsabilidad.

Jaime Navarro Tardío es político y exdiputado nacional.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.