
maginen esta escena: un auditorio cargado de tensión, transportistas desesperados por respuestas y, de pronto, aparece él. No llega con informes técnicos ni con una hoja de ruta logística; llega con un anuncio previo en TikTok y una narrativa diseñada para encender la amígdala de una población agotada.
Aquello que vimos en las oficinas de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, con el vicepresidente Edmand Lara no habría sido un simple cruce de palabras, si no la ejecución quirúrgica de una estrategia de psicología oscura que todos los ciudadanos deberíamos empezar a diseccionar.
La primera pieza del rompecabezas es el Juego del Mesías de Maquiavelo. Observamos a un Lara que no se presenta como una autoridad coordinando soluciones, sino como el único salvador que queda: "Ahora me verán en las calles con ustedes". Al decir esto, busca activar el arquetipo del Guerrero o el Vengador, alguien que emerge desde la oscuridad de un decreto que supuestamente le quitó atribuciones para luchar contra "los que les están robando al país".
¿Qué es en realidad esto? Es una táctica de polarización pura: pintar el mundo en blanco y negro para que el ciudadano, en medio de su incertidumbre, no tenga que pensar, sino simplemente elegir un bando.
Pero, ¿notaron la sutileza de su victimización estratégica?. Vemos una repetición incesante sobre el hecho que le "quitaron" sus funciones con el Decreto Supremo 5552; así, Lara utiliza un formato pasivo-agresivo que traslada toda la responsabilidad del caos actual al Poder Ejecutivo. Esto es un escudo perfecto: si no hay combustible, quiere dejar claro que es porque "no lo dejan actuar", entonces si él protesta, es el "héroe del pueblo".
Entonces, lo más fascinante —y peligroso— ocurre cuando el ministro Medinacelli le confronta con una pregunta lógica: "¿Cómo sugiere que se arregle este problema?". Aquí, la máscara de fiscalizador técnico se cae y aparece una evasión clásica. Es así que, Lara no responde; y redirige la atención, cuestiona la autoridad del otro y se refugia en la incredulidad. ¿Por qué? Porque en la comunicación política, la percepción es la realidad.
De fondo, a él no le interesa resolver la logística de las cisternas; solo le interesa enmarcar el debate. Él decidió que el tema no es el abastecimiento, sino la "corrupción", y mientras controle ese titular, habrá ganado la batalla en el ciberespacio, en su comunidad del TikTok.
Se podría decir que Lara entiende que el cerebro humano no responde a datos fríos de importación de hidrocarburos, sino a datos calientes cargados de indignación. Al aparecer da sorpresa donde el enemigo no lo espera, siembra confusión y desmoralización en sus adversarios de su propio bando, transformando un problema de gestión en un espectáculo de "lucha de todo o nada".
¿Pero qué nos pasa como ciudadanos? Estamos siendo alimentados por estas noticias como "un bebé con un biberón", de fuertes reacciones emocionales. Donde se nos invita a la indignación constante, pero rara vez a la solución racional. Ante este despliegue de tácticas de influencia, no puedo evitar mirarme al espejo y preguntarme: ¿Estoy apoyando una fiscalización valiente que busca mi bienestar o soy simplemente el espectador necesario para que un libreto de psicología oscura se convierta en mi nueva realidad política?
Miroslava Fernández Guevara es periodista y politóloga.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
