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E

n política, los planes de gobierno no son un trámite: son la prueba más concreta de la capacidad de un candidato para gobernar. Y hoy, esa prueba está fallando. El informe de la Defensoría del Pueblo sobre la revisión de planes de gobierno para las Elecciones Subnacionales 2026 revela mucho más que desorden administrativo: expone una preocupante improvisación en la nueva oleada de protagonistas políticos. 

Los hallazgos son contundentes. Hay planes que no fueron publicados, documentos inaccesibles, portales desorganizados e incluso propuestas mal estructuradas, con errores básicos como confundir niveles de gobierno. No se trata de fallas aisladas, sino de una señal clara: muchos candidatos no consideran el plan de gobierno como un compromiso serio, sino como un requisito que se cumple a medias. 

Pero el problema no termina en la forma, sino que se profundiza en el contenido. El informe advierte que solo el 15% de los planes departamentales incorpora de manera sólida un enfoque de género, mientras que la mayoría se limita a menciones superficiales o simplemente omite, como retórica que solo maquilla pero no soluciona. Esto refleja una debilidad estructural: no hay comprensión real de la política pública moderna ni de la complejidad social que implica gobernar. 

Si se observa con mayor detalle, el problema no responde a un solo partido o tendencia. Las fallas la atraviesan alianzas nuevas, partidos emergentes y también estructuras tradicionales. A simple lectura se detectan alianzas improvisadas que muestran falta de equipos técnicos; los “outsiders” que carecen de diseño programático; y los partidos históricos que evidencian desgaste. En conjunto, el sistema político está produciendo candidaturas con más discurso que planificación real y ejecutable.

Y todo esto ocurre en un momento crítico. Bolivia enfrenta tensiones económicas y una reconfiguración política que exige liderazgo serio y capacidad de gestión. Sin embargo, emerge una oferta electoral donde muchos aspiran a gobernar sin demostrar solvencia básica. El riesgo es evidente: la improvisación de campaña puede convertirse en improvisación de gobierno, generando errores que el país no sé si siga en condiciones de tolerar.

En este contexto, incluso liderazgos nacionales emergentes como el de Rodrigo Paz Pereira dependerán de la calidad de las autoridades subnacionales con las que deban articular. Porque ningún proyecto de recuperación será sostenible si en gobernaciones, alcaldías y concejos municipales se instala la improvisación como norma. Creo que el informe de la Defensoría no es solo un diagnóstico técnico: es una advertencia. Una señal de que la política subnacional está corriendo el riesgo de degradarse en forma y contenido.

Y cuando eso ocurre, el costo no lo pagan los candidatos. Lo paga el país.

Miroslava Fernández Guevara es periodista y politóloga.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.