
adie sabe oficialmente dónde ni cuándo empezaron las conversaciones entre el chavismo y una facción de la oposición venezolana, no encabezada por la lideresa Marcía Corina Machaco. Una fuente oficialista del Parlamento venezolano informó a ABC que el diálogo lleva más de 24 horas en marcha, es decir desde este viernes, en una casa del sureste de la capital. No ofreció más detalles.
De un lado de esa mesa estaría Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional controlada por el oficialismo. Del otro, Dinorah Figuera, representante de la Asamblea Nacional electa en 2015, el último Parlamento reconocido como legítimo por la comunidad internacional. Figuera regresó a Venezuela el 18 de junio, tras ocho años de exilio, con el respaldo explícito del Departamento de Estado.
Lo que falta en esa mesa es tan elocuente como lo que está presente. María Corina Machado, la opositora a la que millones de venezolanos consideran su representante legítima, no encabeza la delegación. En las calles de Caracas, en los grupos de WhatsApp, en las paradas de transporte público, la pregunta se repite: por qué no está ella sentada ahí.
Antes de que Figuera pisara suelo venezolano, Machado había dejado claro que la conducción de cualquier negociación le correspondía a ella. Figuera admitió diferencias. Pero la silla principal de la oposición ya estaba ocupada.
Hace unos días, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, confirmó que las conversaciones arrancarían la primera semana de agosto. Cuando le preguntaron por Machado, dijo que eso debían decidirlo los venezolanos. Pero dejó claro el mandato de Washington: los partidos políticos deben dejar de ser movimientos de protesta callejera para convertirse en fuerzas electorales. La transición, advirtió, llevará tiempo.
La tutela estadounidense es total. El diálogo no es un ejercicio de buena voluntad, sino una imposición geopolítica acelerada por la devastación del terremoto. Estados Unidos necesita frenar el colapso para evitar una nueva ola migratoria. La reconstrucción de las instituciones, la reforma del Consejo Nacional Electoral y la recuperación de las libertades civiles son los puntos en la agenda de Washington. Para el chavismo, la exigencia es una sola: el levantamiento de las sanciones.
Henry Alviarez, coordinador de organización de Vente Venezuela, respaldó la exigencia de los familiares. Pidió una fecha de elección para que sea el venezolano el que decida, y recordó que no puede existir democracia con 379 presos políticos y millones en el exilio. La confianza de Vente Venezuela en Rubio no se traduce en presencia en la mesa.
El hermetismo ha encendido alarmas en todos los flancos. La diputada Nora Bracho, de Un Nuevo Tiempo, confirmó que la propia Asamblea Nacional de 2015 desconoce los detalles del proceso. Nadie ha discutido ni votado la conformación de la comisión que acompaña a Figuera. Los medios de comunicación estatales confirman que Rodríguez lidera la delegación oficialista, pero mantienen bajo reserva la lista de sus acompañantes.
Esa opacidad ha provocado una fractura inédita dentro del chavismo. Francisco Arias Cárdenas, cofundador junto a Hugo Chávez del movimiento bolivariano, lanzó una andanada pública contra el proceso. Exigió que los representantes oficialistas sean elegidos por las bases. Denunció que el congreso del partido no ha sido consultado y pidió que cualquier acuerdo sea sometido a referéndum.
Calificó la Asamblea de 2015 como "fenecida" y cuestionó que el diálogo haya sido «ordenado por el presidente de Estados Unidos». La queja desnuda una verdad incómoda: la cúpula negocia su supervivencia a espaldas de sus propias bases.









