
olivia vive una hecatombe económica, es decir, una situación catastrófica de grandes proporciones en el ámbito económico y político. Un reporte del Fondo Monetario Internacional (FMI) lo ha expresado con meridiana claridad: “Las perspectivas macroeconómicas bajo las políticas actuales son insostenibles y los riesgos de una crisis de balanza de pagos y fiscal están aumentando”. Aún no se sabe quién será el nuevo presidente de Bolivia, se definirá en la segunda vuelta, que tendrá lugar el 19 de octubre de 2025. Los dos candidatos finalistas son Rodrigo Paz y Jorge Tuto Quiroga, ambos se ubican en un espectro político que va de la centroderecha a la derecha.
Según el FMI, la inflación anual en Bolivia ya es del 25%. Tan sólo la inflación acumulada en los primeros siete meses del año fue de 17%. El déficit fiscal de los últimos dos años ha llegado a ser superior al 10% del PIB y se espera que en 2025 y 2026 exceda al 12% del PIB. La deuda pública en su conjunto ya es superior al 90% del PIB y se infiere que continúe aumentando.
En cuanto al tipo de cambio fijo ya no funciona en la realidad y ha dado paso a un fuerte mercado negro de las divisas; mientras que el tipo de cambio oficial es de 6,96 bolivianos por dólar, en el mercado paralelo la divisa ha fluctuado su cotización entre 12 a 20 bolivianos. Las reservas internacionales, que hace algunos años llegaron a superar los 13 mil millones de dólares, ya han caído a menos de dos mil millones de dólares. La mayor parte de estas reservas está en oro, ya que en términos líquidos se estima que el Banco Central tiene apenas poco más de 50 millones de dólares. Es sabido que la estabilidad económica es crucial para mantener el apoyo de la población. (síntesis de un artículo del periódico El País, escrito por Gerardo Esquivel. Aug 31, 2025.)
Frente a la profunda crisis actual, deseamos que en el terreno democrático gane el mejor proyecto para Bolivia. Tengo la impresión que al pueblo boliviano se le ofrece una oportunidad única, después de la segunda vuelta de las elecciones, de empezar un camino de ascenso, de salir del pozo, del estado de quiebra económica y ética en la que ha caído el país.
Necesitamos un gobierno que cumpla con su trabajo, que ponga cada cosa en su lugar, que ordene los poderes del Estado, obviamente con su respetiva independencia. Igualmente, urge concertar entre las tres fuerzas democráticas que han entrado en el nuevo parlamento. Deben entenderse para aprobar leyes y proyectos en la perspectiva de alcanzar el bienestar para todos los bolivianos.
Hay que ofrecer y garantizar estabilidad y prosperidad económica, el pueblo lo pide a gritos, resolviendo la falta de combustible y de divisas, generando empleo, y en el campo público, logrando la transparencia y ahorro en el gasto para controlar la inflación.
La doctora en derecho, especialista en Derecho Mercantil y destacada docente de la Universidad Gabriel René Moreno, Vilma Paredes, sostiene que en cuanto a las empresas públicas, existen versiones sobre la existencia de más de 90 empresas públicas; sin embargo, el Gobierno señala que son sólo 33 o 45, organizadas por el Estado, bajo el paraguas del “nuevo” modelo económico social comunitario y productivo, descrito en la Constitución Política del Estado plurinacional; por lo que la maraña de datos al respecto ha volado alto. Estas empresas se han constituido en uno de los rubros económicos deficitarios, con muy pocas excepciones, cuando se pensaba que serían el motor económico del Estado. Las evidencias acreditan que fue un retundo fracaso.
De los recursos que han servido para constituir y mantener estas empresas, la Fundación Milenio señala que el "descomunal crecimiento del sector público empresarial" se ha financiado con créditos del Banco Central de Bolivia (BCB), hecho que desvirtúa el rol del BCB; asimismo, añade que esa forma de financiación ha impactado el equilibrio macroeconómico, siendo una de las causas del elevado déficit fiscal que se refleja en la crisis que sobrelleva el país. La solución a esta compleja situación no es sencilla. Esa es la tarea de nuestro próximo presidente, quien tendrá los instrumentos democráticos del diálogo y la negociación para vencer ese reto.
El “gigantismo estatal", como se ha denominado, es parte del clientelismo que se ha fomentado desde el gobierno del MAS, lo que también ha derivado en nepotismo y corrupción; se ha llegado a la conclusión de que muchas de estas empresas se encuentran técnicamente quebradas y se mantienen gracias al subsidio gubernamental.
Por otra parte, Carlos Hugo Molina (El Deber 02/09/2025), entre tantos otros, les exige a los políticos: Rodrigo, Tuto y Samuel que después de la segunda vuelta lleguen a acuerdos para superar la crisis en favor del pueblo. Se trata de discutir los temas del déficit fiscal con una visión de Estado, superando las evidentes diferencias personales y los desencuentros en la arena política.
En el contexto de la campaña con miras al balotaje del 19 de octubre, los binomios: Rodrigo Paz – Edmand Lara y Jorge Quiroga – Juan Pablo Velasco tienen que hablar con un profundo sentido de la responsabilidad, como hombres de Estado, sin que semanas después se infesten con broncas políticas, falsedades, bulos, controversias y opiniones infundadas. Los debates y temas deben responder a las necesidades de la población, para ello deben dejar de mentir y superar los falsos debates entre el campo y la ciudad, y contra los indígenas. Evidentemente, la discusión ética es clave para el éxito.
Si nuestros políticos quieren volver a entenderse, será mejor que dejen la diatriba en los platós de televisión y que aposten por la única vía que aún no se ha probado: la terapia de pareja, que aprendan a convivir con nuestras diferencias políticas. Las parejas que funcionan, igual que las democracias que resisten, saben cómo hablar de sus diferencias sin destruirse.
Hay muchos dimes y diretes que envenenan el ambiente político. La gente ya no quiere escuchar de política o votar, porque consideran que no sirve de nada, y un porcentaje cada vez más alto prefiere no hablar de política con amigos o familiares, por no enemistarse. Pero más allá de estas consideraciones, la gente también vota con el bolsillo en mente. Ese es quizá el mensaje y la lección más importante de la elección presidencial en Bolivia.
Obviamente, los candidatos tienen que decir las cosas con claridad y franqueza, pero cuidando siempre las formas para no cerrar puertas. No se trata de tensar el escenario con propuestas políticas sino de que los ciudadanos conozcan los planes de desarrollo en detalle, y se construyan puentes entre los dirigentes y líderes, más allá de las diferencias políticas coyunturales.
El triunfo de Rodrigo Paz Pereira no fue un azar, sino también, la extraordinaria intuición que exhibió junto a su equipo de campaña en un medio social enrarecido donde la mayoría de los activistas políticos ha aparecido en la palestra para destruir, y no para animar y motivar las olas tranquilas del cambio político que exigen los ciudadanos. Es la cohesión social como acuerdo entre distintos intereses e ideologías el punto de convergencia entre las diferencias.
Rodrigo Paz mostró una extraordinaria novedad que ofrece estatura y esperanza a una política que se había quedado sumida en el chantaje, la corrupción, el narcotráfico y las persecuciones de los opositores políticos. Fue audaz cuando buscaba uno a uno a los que luego serían los votos que han situado al candidato del Partido Demócrata Cristiano, el joven senador por Tarija, en la primera línea política. Por ello, la estatura de la esperanza de Paz ha impactado profundamente en las mentes y los corazones del pueblo boliviano que añora la estabilidad económica, crucial para mantener el apoyo de la población a Rodrigo Paz.
Juan Burgos Barrero es periodista investigador. Licenciado en Ciencias de la Información y magister en Educación Superior.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
