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on el triunfo de un candidato a la presidencia de Bolivia nos dirigimos hacia un nuevo destino con la oportunidad de convertir en realidades las utopías y los sueños para lograr la luz, el humanismo y la felicidad de todo el pueblo desde Santa Cruz al Alto, pasando por La Paz y todos los departamentos del país. Han terminado veinte años de dominio político del Movimiento al Socialismo que, desde las elecciones en 2005 hasta al 2019, sostuvo a Evo Morales en el poder, para reemplazarlo en 2020 hasta 2025 por Luis Arce.

El triunfo de Rodrigo Paz, a través de un proceso electoral legítimo, debe abrir un camino hacia la estabilidad institucional que supere la dañina confrontación partidista. Hoy se abre una nueva etapa. La nación enfrenta el desafío de reinventarse y de reconciliarse consigo misma. El mundo avanza con cambios geopolíticos, económicos y culturales agigantados y no son tiempos de quedarse atascados en los dilemas del pasado. No será fácil pero debemos ponerle alma y corazón, vida y voluntad. Es tiempo de la reconciliación, superar el regionalismo, el odio, los rencores y las actitudes supremacistas sociales y económicas. A decir de William Herrera (2025), el primer desafío del nuevo gobierno será promover una verdadera reconciliación nacional y recomponer el tejido social deteriorado y maltratado.

La victoria de Rodrigo y Lara abre la esperanza de una reconstrucción nacional. No significa sencillamente un cambio de poder, sino la oportunidad real y única de transformación completa de la sociedad para el bien y la felicidad de todos. Se trata de lograr la integración del desarrollo económico, político y cultural mediante el diálogo, la interacción y el pragmatismo intercultural en lugar de la tradicional confrontación ideológica y la lucha de poderes. El reto es inmenso, pero vale la pena confiar en el pueblo en aras de tomar la ruta de la estabilidad y el progreso.

El MAS ha dejado un país en desastre económico, institucional, político y espiritual. Su visión ideológica de "Estas conmigo o estás contra mí" ha abierto grietas y ha calado profundamente en muchos sectores de la población con posiciones polarizantes donde se asimiló el odio al que piensa diferente. El nuevo gobierno recibe una economía en recesión, un banco central sin reservas, alta inflación y desabastecimiento de combustibles, y un sector público sobrecargado y lleno de prácticas de extorción, y de obstáculos burocráticos y corruptos, que ha reemplazado todo sentido de ser facilitador.

Hay que defender la inclusión para que la exclusión no encuentre nido. Afortunadamente, Paz ha insistido en gobernar para todos y tender puentes. Su promesa económica resume esa aspiración: una economía que premie el emprendimiento, pero que no abandone a los sectores más vulnerables; un desarrollo que no dependa solo de la bonanza de los recursos naturales, sino de la diversificación, la innovación y la apertura.

Se trata de superar constructivamente el pasado, transformar la economía, fortalecer las instituciones, garantizar los derechos y proyectos de vida de todos los bolivianos, al margen de su ideario político. La inútil crispación debe desaparecer.

En entrevista ofrecida a varios periodistas internacionales, poco después de su victoria en la segunda vuelta el pasado domingo 19 de octubre, Paz dijo ser de centro popular, con una fuerte vinculación nacional y democrática (Federico Rivas, 2025). Aseguró que resolverá el problema del desabastecimiento de combustible con ayuda de países limítrofes, pero que necesita tiempo para arrancar con otra forma de gestionar la economía, y de gestionar esto que él ha llamado ´el estado tranca´.

Nuevamente recalcó que Bolivia está aislado, que se fueron 60.000 millones de dólares durante los últimos 20 años y que "nos han dejado una deuda de 40.000 millones (de dólares) ¡Una barbaridad! Por ello, habrá capitalismo para todos".

Asimismo, apuntó que en Bolivia la economía formal es del 15%, mientras que el 85% es informal, y que los dos bloques, de Rodrigo y de Tuto, coinciden en que no quieren al estado de procesos engorrosos, aunque Paz conoce bien el papel del Estado en asegurar que la economía de libre mercado trae beneficios para todos y no para pocos. Enfatizó que habrá buenas relaciones con los Estados Unidos, primero será el regreso de la Embajada, la cooperación y el trabajo mutuo, y entonces la DEA. Finalmente, Paz dijo que espera que Bolivia vuelva al mundo y que el mundo vuelva a Bolivia, que generará una economía para la gente, no para el estado ni tampoco para unos cuantos poderosos.

La meritocracia será importante. Los elegidos democráticamente deben saber que al pueblo boliviano no le interesa la guerra sucia y los graves conflictos entre bolivianos como ocurrió durante la campaña electoral. La ciudadanía quiere un nuevo estilo de hacer política, un gobierno nacional que resuelva la crisis económica, la corrupción, el contrabando, la falta de dólares, de combustibles, etc. Se trata de convocar a los mejores ciudadanos para enfrentar los grandes retos económicos, políticos y de inserción en el mercado y la cultura global.

La unidad política tiene que ser la condición básica para enfrentar la crisis y direccionar los proyectos de desarrollo y transformación para salir airosos de la situación actual. El Estado debe ser fiel a la Constitución que garantiza a todos los bolivianos y bolivianas, no importa como cada persona se autoidentifique, el derecho a la libertad de expresión, de opinión y de información, a la rectificación y a la réplica, el derecho a emitir libremente las ideas por cualquier medio de difusión, sin censura previa (art. 106).

El nuevo presidente y gobierno harán sonar las campanas en favor de la unidad, la victoria y la felicidad de la gente en los nuevos contextos socioculturales y económicos que se creen. ¡La creación inteligente ha de ser el alma del pueblo y el Estado! Es un reto, sí, pero… ¡Ya es hora!

Juan Burgos Barrero es periodista investigador

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.