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odos mis compañeros se aplazaron en el examen, me dijo un niño con cara sonriente. Entonces tú aprobaste, te felicito, le dije. Me miró con cara de sorprendido y completó su narración: es que la prueba era muy difícil y no entré a clases.

Este martes salieron los resultados de las pruebas PISA 2025, que miden el rendimiento en matemáticas, ciencias y comprensión lectora. Los resultados se recibieron con desencanto en Argentina, Perú, Colombia, Paraguay y Ecuador, entre otros mientras Chile, Brasil y Uruguay superaron la barrera media del rendimiento. Nosotros no ingresamos a la prueba, porque tenemos la excusa perfecta: Bolivia no participa en las pruebas PISA porque el Ministerio de Educación sostiene desde el gobierno pasado, que el país es soberano y cuenta con su propio modelo pedagógico establecido en la Ley 070 (Avelino Siñani-Elizardo Pérez).

Recuerdo a un sacerdote, que era mi asesor en la dirección de un colegio, quien al verme muy preocupado por un problema me dijo: Aplica el artículo cero de la Constitución. ¿Qué dice? le espeté. La respuesta fue contundente: "Hazte el cojudo y vivirás feliz". Este refrán muy coloquial en nuestro país, nos induce a fingir ignorancia y así desentendernos de los problemas para evitar complicaciones posteriores. Tal vez esa haya sido la respuesta de los anteriores ministros de educación y los últimos dos del gobierno actual, porque están más empeñados en temas salariales que, en los problemas educativos, entre ellos el superar el gran desafío: nuestros estudiantes no entienden lo que leen.

Los profesores repiten año tras año el programa, los contenidos, las tareas y hasta los chistes (no son todos, pero…) Los padres de familia no quieren comprar libros a sus hijos, pero son rápidos a la hora de gastar el dinero en cervezas (no son todos, pero…). En los colegios, los profesores hacen comprar a los alumnos libros de determinadas editoriales, porque reciben un incentivo por esa compra, de nada importa que ese libro no esté bien editado y contextualizado (no son todos, pero…).

Los argentinos, para citar un ejemplo, tras conocer los resultados de esta prueba aplicada en 91 países se rasgaron las vestiduras; vieron que cayó el rendimiento en matemáticas, lectura, ciencias e informática, tanto en comparación con 2022 como con 2018. Este país, que en el siglo XX se preciaba de tener uno de los mejores sistemas de educación pública de todo el continente, ocupa ahora el furgón de cola en la enseñanza secundaria (frase muy utilizada por Juan Goytisolo).

Los estudiantes viven en entornos donde abunda la información procedente de fuentes poco fiables, a menudo difícil de distinguir de la información fidedigna. Necesitan aprender cuándo y cómo sopesar la evidencia, cuestionar las afirmaciones intuitivas y evaluar la fiabilidad de los distintos tipos de información. Los expertos sostienen que leemos cada vez menos y peor desde que el Internet nos hizo dependientes de las pantallas. El resultado es que incluso para un texto corto, hay problemas de comprensión de los elementos básicos.

No se crea que una prueba PISA se basa en preguntas y respuestas. En comprensión lectora se parte de una lectura de 100 palabras, luego vienen tres preguntas para evaluar el comprender e interpretar; luego, localizar y obtener información y se suma una tercera pregunta de reflexión y evaluación. Si a nuestros jóvenes les cuesta leer un texto de más de 30 palabras, imagínense si leerán el texto en su integridad y responder posteriormente las tres fases de preguntas. Pese a ello hay que saber en qué posición estamos y cuáles son nuestras falencias. Son 91 países los que participan en estas pruebas, que se realizan cada cuatro años. No importa si nos ubicamos en el puesto 92, lo importante en este caso es saber de dónde partimos.

El Ministerio de Educación tiene una tarea inmediata enfrente sus narices; debe aplicar una prueba global para saber las diferencias entre la educación particular y fiscal; urbana y rural. Los medios de comunicación deben incentivar programas para jóvenes que apunten a la educación; los comunicadores sociales deben tratar con respeto el idioma y, los padres de familia, deberán invertir más en la educación de sus hijos, porque es la mejor herencia que les pueden dejar.

Ernesto Murillo Estrada es filósofo y periodista.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.