
olivia cumple este jueves 201 años de vida soberana e independiente. Los primeros gritos libertarios salieron de las gargantas de estas tierras; sin embargo, fue uno de los últimos países en declarar su independencia, solo dos semanas antes que Uruguay, que fue el último en Sudamérica.
Recordamos este aniversario con desfiles, actos en la Capital, anuncios que no se cumplirán y como decían mis abuelos: “hasta luego Abaroa”. Pertenezco a la generación en que las clases de historia se memorizaba fechas, nombres de héroes intocables y batallas lejanas para sacar buena nota, en lugar de analizar procesos.
Parece que este enfoque no ha cambiado en el presente, porque se olvidan los procesos sociales, la vida diaria de la gente común y se oculta los conflictos reales detrás de los relatos oficiales. Se repiten mitos patrióticos que impiden ver la realidad con pensamiento crítico; razón de sobra para que los jóvenes sientan que el pasado no tenga conexión con su vida. Luego, nos quejamos de la falta de análisis y ausencia de criterio de nuestros bachilleres.
Habría que dejar de ver el pasado como un cuento y empezar a cuestionar los hechos; averiguar las fuentes, porque hay intereses detrás de lo escrito, como, por ejemplo, don Alcides Arguedas, con pluma favorable a determinados gobiernos; ni qué decir de personas que en la actualidad se las dan de historiadores. Habría que separar los hechos de las opiniones y favorecer los debates, para que los jóvenes tengan solidez en sus argumentos.
En esta fecha quiero recordar a dos grandes bolivianos que tal vez merecerían estar en los altares de los palcos en los desfiles escolares y militares; probablemente los jóvenes ni los conozcan: la primera es doña Juana Azurduy de Padilla (estoy de acuerdo con algunos historiadores que dicen que nuestro país debía llamarse Azurduy y no Bolivia, en honor a Bolívar).
Escribir sobre Juana Azurduy de Padilla es volver a tocar una de las llagas que más duele a Bolivia, porque sale a luz la expresión más clara de la historia de la ingratitud. La Mariscala murió en la más injusta y dramática miseria, paradójicamente un 25 de mayo de 1862, absolutamente abandonada, al grado infame de ser enterrada en una fosa común, ante la impotencia de su sobrino Indalecio, quien lloró su dolor y rabia, luego de que las autoridades le negaron unos míseros pesos para un entierro digno, porque estaban ocupados celebrando los festejos de la patria.
La expresión de Winston Churchill "Nunca en el ámbito del conflicto humano tantos debieron tanto a tan pocos", se aplica a doña Juana y su esposo Manuel Ascensio Padilla, ni siquiera cambiando el nombre de Sucre por Padilla o Azurduy pagarían tan inmensa deuda. Es posible que la notable mujer haya sido más honrada en Argentina, donde colocaron su estatua en reemplazo a la de Cristóbal Colón y compusieron en su honor, una preciosa canción.
Admirada por los generales, idolatrada por sus ejércitos, temida por sus rivales, doña Juana Azurduy mantuvo durante más de una década la tea de la insurrección, mientras iban quedando en el camino los Murillo, Méndez, Warnes y su propio esposo.
El segundo, el coronel Bernardino Bilbao Rioja, conocido como el Mariscal del Kilómetro 7, quien se erigió como una figura fundamental en la defensa de Bolivia durante la Batalla de Villamontes en 1935. La victoria en la Batalla de Villamontes no fue simplemente un triunfo militar; fue un hito determinante que permitió a Bolivia mantener el control sobre una parte esencial del Chaco Boreal. Retroceder, atraer y eliminar al enemigo fue su estrategia; así hizo retroceder al ejército paraguayo, porque había casi liquidado todo su ejército, y ya no tenían más soldados que adolescentes, si la guerra se prolongaba más tiempo sería otro el resultado, pero por la presión internacional y la amenaza de Argentina de entrar en la guerra motivó la Paz del Chaco.
Entre Carlos Quintanilla y Enrique Peñaranda le escamotearon la presidencia de la República y los deportaron, pese a que el héroe de la Guerra del Chaco contaba con el apoyo general. Así paga el país a algunos de sus héroes.
Podría citar a decenas de personalidades que pensaron en Bolivia más que en sus propios intereses y nos legaron esta Patria bendita que cumple 201 años de esperanza inefable.
Ernesto Murillo Estrada es filósofo y periodista.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
