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U

n amigo que fue testigo de la prosecución de la interlocución entre Agnoia y Didáscalo, me contó lo que conversaron después de que yo me retiré del pasillo en el que nos encontrábamos.

Agnoia replicó que no aceptaba que quien promete algo y no lo cumple, no sea un mentiroso: tesis sostenida por Didáscalo en el diálogo que sostuvieron. Argumentó que una promesa incumplida, sea de un político o de cualquier persona, convierte a quien la formula en un mentiroso. Expuso una analogía: ―Mi expareja, dijo, cuando nos casamos, me prometió ante la sociedad y la Iglesia, que me amaría siempre, me protegería, incluso en la enfermedad y el infortunio. Y, ¿qué pasó?, poco después de que me diagnosticaron un mal grave, dejó nuestro hogar, se fue a vivir con su amante, me pidió que nos divorciáramos y en nada me ayudó a enfrentar la adversidad. Ergo, mi expareja mi mintió a mí, a quienes le oyeron comprometerse a cumplir sus obligaciones de esposo y mintió a Dios y a sus pastores congregados en la ceremonia. Según Agnoia, tal ejemplo, vívido y desgraciado, sería un caso similar a las mentiras de los políticos: promesas de quienes, mintiendo, no cumplen lo que dijeron que iban a realizar.

Mi amigo me dijo que mientras escuchaba la argumentación de Agnoia, recordó esa canción de 1981 compuesta por tres personas en Argentina, que refería la infidelidad del compositor a su esposa, una de las compositoras y la cantante engañada. Decía: “Él me mintió, me dijo que me amaba y no era verdad (…)”. Ante la posición de Agnoia, Didáscalo contradijo lo que mi amigo me contó.

―Querida colega, habría replicado el susodicho, si tu ex negó su infidelidad cuando lo emplazaste a que la confiese, ciertamente, te mintió. Negó lo que hizo, porque a luces claras, pensaba que tú no merecías saber la verdad. Las razones que tuvo, no importan: mintió consciente e intencionalmente, presentando un estado de cosas que ocultaba y negó su infidelidad. Pero, eso no debes confundir con el momento de su promesa frente al altar, con compromisos como serte fiel hasta que la muerte los separe. Piensa en ese momento, rememora el tiempo de enamoramiento que vivieron juntos, las ilusiones de ambos, el contexto de tu matrimonio y los sueños de construir su hogar. En mi opinión, querida Agnoia, creo que los novios, cuando se casan, son muy sinceros con sus compromisos de amor eterno, protección, compañía y cuidado del cónyuge y de los hijos que vendrán. ¿Crees sinceramente que tu ex, supuestamente avezado, cínico y mentiroso, se comprometió a lo que dijo en la ceremonia para el resto de su vida, con la intención de abandonarte poco después, y más, si enfermabas?

La inferencia deductiva fue lógica, también para mi amigo, el narrador. O Agnoia se casó con un hombre cínico que pensaba divorciarse como un subterfugio existencial al que recurriría según su conveniencia, o su ex fue plena e íntegramente sincero cuando se comprometió a cumplir lo que dijo. Si la interlocutora odiaba a su ex en el momento del diálogo narrado, objetivamente, debía separar los momentos y a qué se refieren las mentiras. Que el susodicho niegue obstinadamente la infidelidad, post festum, devela la calidad moral del infiel mentiroso, pero eso no significa que, posiblemente, en algunos momentos de su vida, haya expresado compromisos con la intención transparente de cumplirlos. Aunque la situación es diferente en el caso de los políticos, al menos de quienes tienen recorridos sinuosos y se ha constatado el cinismo de sus declaraciones, burlándose recurrentemente de quienes los escuchan; tampoco se puede afirmar que mientan cuando ofrecen dar algo en el futuro como un adeudo del presente ante los oyentes, para que voten por ellos. No obstante, curiosamente, entre el marido infiel que abandona a su mujer enferma, recluyéndose en la amante, y, el político desvergonzado que despoja al auditorio del derecho de oír compromisos sinceros, precipitando después divorciarse de sus electores, abandonándolos y recluyéndose en la corrupción, siempre impune; caben similitudes filosóficamente claras: no solo éticas, sino las analogías profundas que conciernen al Ser y son entendidas como rasgos ónticos u óntico-ontológicos.

Blithz Lozada Pereira es filósofo, escritor, investigador. docente emérito de la UMSA y miembro de número de la Acadamia Bolviana de la Lengua.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.