Imagen del autor
E

n una guerra, la estrategia del desgaste, tiene el fin de debilitar al contendiente en el tiempo y luego desplegar sus fuerzas con el fin de lograr la rendición sin que se sumen demasiadas bajas, no se busca una victoria rápida sino minar la voluntad de lucha y la capacidad material del enemigo hasta lograr su colapso.

En la guerra de atrición, desatada unilateralmente en nuestro país, los conspiradores dirigen su artillería pesada en contra el gobierno legalmente constituido y la democracia, pero sobre todo, en contra de la población civil, con medidas que buscan devastarla económicamente para doblegar su voluntad y lograr su adscripción por la vía del miedo y la desesperación, por ello, son renuentes a cumplir con las leyes humanitarias cortando la provisión de alimentos, medicinas y otros insumos vitales.

Por su lado, el gobierno busca debilitar a los bloqueadores bajo el supuesto de que el tiempo y cierta retórica, por si solas, debilitarán la capacidad ofensiva del conspirador, no percibe que prolongar en el tiempo el conflicto, socava la moral ciudadana por la falta de una reacción proporcional a la guerra declarada.

El tiempo corre para todos y el desgaste también, los efectos ya son devastadores en lo social, político, económico y moral, el futuro esta preñado de pesimismo.

Sin embargo, en las últimas horas se percibe un tímido cambio, pues se han tomado acciones destinadas a reposicionar el estado de derecho que reaniman los sentimientos de esperanza de la población con una sensación de que el desenlace final favorable al pueblo, está en curso.

Se perciben algunas señales importantes. El debate abierto en el parlamento sobre la ley que regula los estados de excepción, tiene efectos jurídicos, y anímicos, se percibe un norte ordenador que evitará consecuencias injustas como la apertura de procesos y penas de cárcel para unos e indemnizaciones e impunidad para otros, es de esperar que estas asimetrías sean resueltas por la ley.

La reunión del presidente con el vicepresidente y jefes de bancadas políticas, envía un mensaje positivo, los políticos pueden acordar lo que el país necesita y conducir el estado tomando decisiones en contra de filibusteros diletantes.

El alejamiento del cargo del ministro de defensa, ha desnudado que la elección de ministros fue sin mayor reflexión y que el presidente recurrió a lo que tenía cerca o le soplaron en la oreja nombres de personas ineptas, allegadas a sus eventuales aliados con el fin de llenar los espacios en función a intereses muy particulares.

Efectuado el cambio, una simple acción ha permitido diferenciar el uno del otro, mientras el ministro renunciante solo posó para la foto, el nuevo ministro acompañado por miembros de las FFAA, Policía y ciudadanos, desbloqueó la ruta al sur de La Paz, con lo recuperó cierta credibilidad y contribuyó a mejorar la moral golpeada del pueblo, dejando en claro que se ha recompuesto la relación del gobierno con los mandos militares, que horas pasadas se mostraba quebrada por la inacción del titular de defensa.

El apresamiento selectivo de varios dirigentes conspiradores es aprobada por la ciudadanía a la vez que afecta la moral de los bloqueadores, solo se espera que esta tarea sea ejecutada en contra de los cabecillas Morales Ayma y Arguello, no hacerlo desmerecerá todo lo hecho hasta el momento, ellos son parte de la historia negra, son envilecedores de organizaciones históricas y revolucionarias contrarias a cualquier organización fascistoide.

Habrán todavía resistencias de los fundamentalistas, que deberán ser enfrentadas con inteligencia y prontitud. El panorama empieza a cobrar un rumbo diferente y se reordena.

Es recomendable que el gobierno no caiga en la tentación de acordar con corporaciones incluyéndolas en el aparato del estado, sería una pésima decisión, pues estaría nuevamente dándole oxigeno a un proyecto fracasado.

Corresponde diferenciar el movimiento social sustentador del evismo del campo popular, una cosa son los movimientos sociales fascistoides conspiradores y otra es el movimiento popular, al que sí hay que tomarlo en cuenta atendiendo sus legítimas demandas, porque esta guerra unilateral, ha golpeado con tal violencia a los pobres, que el gobierno tiene la obligación de atenderlos con medidas de fondo y de largo aliento.

Una parte importante de este campo popular tiene desafíos a cumplir, la COB y la CSUTCB han sido capturadas por dirigentes que las han convertido en mecanismos utilitarios de grupos delincuenciales contrariando su rica y gloriosa historia, ha llegado la hora de recuperarlas desde la base expulsando a esas dirigencias mafiosas de su seno y reinstalar, como eje fundamental de su funcionamiento, la independencia política que les otorgaba una autoridad moral en la defensa de los intereses de los trabajadores y campesinos.

La necesidad de abrir una nueva era, se ha impuesto en la sociedad, en ella las nuevas corrientes e ideas deberán estar presentes e instalarse nuevos liderazgos que superen las viejas prácticas de las que sus máximos representantes son los actuales conspiradores.

La crisis desatada debe constituirse en una oportunidad para un cambio con audacia y valentía sin ningún tipo de complejos ni miedos.

Germán Gutiérrez Gantier es abogado y político.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.