
alta que veamos pasear por las calles a elefantes de patas alargadas, relojes que se derriten, celebrar ante el cadáver su fallecimiento, y que el público festeje el gol del equipo contrario. Entonces no cabría duda alguna: viviríamos en un mundo surrealista.
A poco más de cuarenta días de bloqueos parece que estamos en el umbral del país de los absurdos. El término "Absurdistán" refleja aquellos lugares donde la lógica, el sentido común, la burocracia o la política funcionan de manera irracional y surrealista.
El gobernador de Cochabamba llegó en una ambulancia a Villa Tunari para celebrar los 56 años de fundación de aquella localidad, donde lo esperaba su compadre Evo Morales, quien pese a tener una orden de captura por Trata de Menores, se pasea en aquel territorio donde no gobierna el presidente Rodrigo Paz. Sin embargo, madres de familia claman de rodillas para que los bloqueadores dejen pasar en una ambulancia a su familiar moribundo, sin tener éxito sus súplicas.
El gobierno clama a través de sus interlocutores, que quienes se han convertido en dueños de los caminos a punta de dinamitazos y zanjas, den paso a cientos de buses varados, camiones que transportan alimentos y medicamentos destinados a los hospitales, para que se abra un corredor humanitario, lo que equivale a que estamos en guerra porque ese recurso implica establecer una zona desmilitarizada temporalmente y una ruta segura acordada entre partes en conflicto.
El pasado lunes, las autoridades chilenas informaron sobre la incautación de más de 100 toneladas de droga en un operativo sin precedentes. Este decomiso se realizó tras el secuestro de más de 1.000 toneladas de madera impregnada con droga proveniente de Bolivia. La operación tuvo lugar en tres puertos chilenos: Arica, Valparaíso y San Antonio. Se estima una afectación al narcotráfico equivalente a 8.500 millones de dólares. ¿Por dónde se llevó esta droga? ¿Cuántos controles aduaneros pasó? ¿Los bloqueadores fueron tan condescendientes con estos narcos?
En el tema de la gasolina basura, con al menos 200 mil usuarios afectados, siguen buscando la quinta pata al gato. El propio presidente Paz Pereira dio hasta tres versiones diferentes; el actual presidente de YPFB, Sebastián Daroca, habla de tres causas estructurales que coincidieron al mismo tiempo para generar el problema: un vacío normativo, ya que el DS 4718 regula la calidad de la gasolina cuando ya está en el surtidor, pero no regula desde cuando se compra el producto, además de recorrer 1.800 kilómetros; la segunda es el sistema de almacenamiento en el país (tanques casi vacíos durante dos años), por tanto las paredes se oxidaron, se acumularon gomas y sedimentos, además, Bolivia solo contaba con un laboratorio certificado por refinería, capaz de medir los parámetros necesarios para la venta posterior. Consecuencia de este problema: tres gerentes detenidos hasta el momento, el gerente de Producción de Derivados, Carlos Alfredo Cuéllar el gerente de Comercialización, Nelson Alejandro Mendoza, y el gerente de Logística, Eddy Rolando Torrico.
En tiempo de hambre, estuvieron a punto de vender ocho toneladas de carne de pollo en mal estado. “Ese pollo no llegó a La Paz” se apresuró en decir el alcalde César Dockweiler. Según el personal técnico de la Alcaldía paceña el producto no cumplía con las condiciones sanitarias necesarias para el consumo humano y se decidió rechazar la carga. ¿Quién intentó vender esos pollos en mal estado? Un misterio.
Si el periodista pregunta a los marchistas por qué están realizando esa actividad se encontrará con decenas de respuestas, cada quien tiene su propio reclamo que va desde la renuncia del presidente Paz, hasta el comentario de la ventana y la rejilla, pasando por la falta de alimentación, aunque bien se sabe que con los bloqueos muchos de los marchistas se están perjudicando.
La sumatoria de todos estos casos absurdos crean desconcierto, desaliento y conclusiones fatales porque nadie quiere frenar esta bola de nieve que va creciendo y lleva a la violencia, el racismo, el regionalismo y pocas voces alentadoras nos acercan cada vez más a Absurdistán. Si pudiéramos dejar de restar y algunas veces empezar a sumar, tal vez empezaríamos a ver un horizonte más claro. Japón y Alemania después de la segunda guerra mundial, son los ejemplos más claros.
Ernesto Murillo Estrada es filósofo y periodista.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
