
a guerra en Medio Oriente tuvo esta mañana el pronunciamiento de dos potencias económicas a nivel global. China hizo conocer su respaldo al recompuesto régimen iraní, luego de la muerte del ayatoal Ali Khemaini, ya que es su principal proveedor de petróleo, mientras que EEUU no ha descartado el depliegue de tropas terrestres para apoyar los ataque aéreos cojuntos con Israel.
China ha manifestado su profunda preocupación por la escalada militar en Oriente Medio. El gobierno chino exigió la detención inmediata de las operaciones militares de EEUU e Israel, advirtió sobre los riesgos para la estabilidad regional y subrayó la importancia estratégica del suministro de combustible iraní a través del estrecho de Ormuz.
China respalda a Irán porque es uno de los mayores compradores de combustible suministrado por Teherán, lo que convierte la estabilidad en Oriente Medio en un asunto fundamental para su seguridad energética y comercial. La inquietud de Pekín reside en que cualquier inestabilidad en el estrecho de Ormuz podría afectar el flujo energético indispensable para su economía y repercutir en el mercado internacional de hidrocarburos.
El ministro de Asuntos Exteriores de China, Wang Yi, sostuvo que Pekín “valora la amistad tradicional” entre ambos países y apoya a Irán “en la protección de sus derechos e intereses legítimos”. Pekín reiteró su defensa de la soberanía e integridad territorial iraní, además de instar a la comunidad internacional a evitar una expansión del conflicto, tras la ofensiva iniciada el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel.
Desde China, la portavoz del Ministerio de Exteriores, Mao Ning, remarcó que los recientes ataques “no contaron con autorización del Consejo de Seguridad” de Naciones Unidas y “violan el derecho internacional”. Mao advirtió sobre el peligro de que la violencia se propague a países vecinos, amenazando la seguridad en toda la región del golfo Pérsico.
La diplomacia china, en colaboración con Rusia, ha impulsado una reunión de emergencia en el Consejo de Seguridad de la ONU para afrontar la crisis y exigir que ese organismo cumpla su papel en el mantenimiento de la paz. Pekín también notificó que no recibió información previa sobre las acciones militares estadounidenses.
Por su parte, el secretario de Guerra (antes de Defensa), de Estados Unidos, Pete Hegseth, no descartó este lunes despliegue de tropas terrestres en Irán, afirmando que las fuerzas estadounidenses han establecido una “superioridad aérea local” y que Washington está preparado para que el conflicto se extienda hasta seis semanas bajo un nuevo paradigma de combate que prioriza la victoria rápida sobre la diplomacia.
En una conferencia de prensa que marcó un giro agresivo en la retórica de la administración Trump, Hegseth declinó confirmar si ya existen operaciones especiales en territorio iraní. “No, pero no vamos a entrar en el ejercicio de lo que haremos o no haremos”, respondió al ser consultado sobre la presencia de tropas. “Iremos tan lejos como necesitemos ir”, sentenció, subrayando que no se informará al enemigo sobre los límites tácticos de la operación.
Hegseth buscó distanciar esta campaña de las prolongadas guerras en Irak y Afganistán, calificándolas de esfuerzos “tontos” de construcción nacional. Según el jefe del Pentágono, la misión lanzada el sábado en conjunto con Israel tiene objetivos realistas centrados estrictamente en los intereses de defensa estadounidenses y de sus aliados.
“Sin reglas de enfrentamiento estúpidas, sin el atolladero de la construcción de naciones, sin ejercicios de construcción de democracia. No habrá guerras políticamente correctas”, declaró Hegseth.
“Luchamos para ganar y no desperdiciamos tiempo ni vidas. Esto no es Irak. Esto no es interminable”. El secretario agregó que, con cada día que pasa, las capacidades de Irán se debilitan mientras las de Estados Unidos se fortalecen, permitiendo a Washington “fijar los términos de esta guerra de principio a fin”.









