
stados Unidos e Irán habían hecho historia este sábado al abrir en Islamabad (Pakistán) negociaciones directas —las primeras desde 2015 y las de más alto nivel desde la Revolución Islámica de 1979— para tratar de llegar a un acuerdo de paz. Pero 21 horas después de sentarse a la mesa, a tres bandas —junto con el mediador Pakistán— y cara a cara, el vicepresidente de EE UU, JD Vance, afirmó que su país se levanta de la mesa “porque Irán ha elegido no aceptar” las condiciones de EEUU y porque, pese a la maratoniana jornada de discusiones, aún persisten diferencias significativas con el régimen de Tehéran, entre otras, “ver una confirmación afirmativa de que Irán no buscará (dotarse de) armas nucleares”.
“Cualesquiera que sean las deficiencias de la negociación, estas no se debieron a los paquistaníes, quienes realizaron una labor asombrosa y se esforzaron verdaderamente por ayudarnos —tanto a nosotros como a los iraníes— a salvar las distancias y alcanzar un acuerdo. Llevamos ya 21 horas en ello y hemos mantenido varias discusiones sustantivas con los iraníes. Esa es la buena noticia”, afirmó Vance, citado por El País de Madrid, poco después de las 06.30 de este domingo, hora de Islamabad.
En unas breves declaraciones a los periodistas, ante los que ha comparecido flanqueado por los dos negociadores habituales de la Casa Blanca (Jared Kushner y Steve Witkoff), el vicepresidente de Estados Unidos agradeció la mediación al primer ministro y al jefe del ejército de Pakistán, a quienes describió como “anfitriones increíbles”.
“La mala noticia es que no hemos llegado a un acuerdo; y creo que esto supone una mala noticia para Irán, mucho más que para los Estados Unidos de América. Por lo tanto, regresamos a Estados Unidos sin haber alcanzado un acuerdo. Hemos dejado muy claro cuáles son nuestras líneas rojas: en qué aspectos estamos dispuestos a ceder ante ellos y en cuáles no. Y lo hemos expresado con la mayor claridad posible; sin embargo, ellos han optado por no aceptar nuestros términos”, dijo Vance.
“Nos marchamos de aquí con una propuesta muy sencilla, un método de entendimiento que constituye nuestra oferta final y definitiva. Veremos si los iraníes la aceptan», ha dicho, dejando la puerta abierta a un posterior entendimiento. A juzgar por estas declaraciones, hay algo en ciernes, que Vance definió como su mejor y su última oferta. Aunque no se ha logrado un avance decisivo, no puede hablarse de ruptura definitiva.
Esta conclusión arroja luz sobre unas declaraciones, aparentemente intempestivas, de Trump cuando la negociación aún discurría, al afirmar, en la tarde del sábado en Washington, que “independientemente de lo que suceda, ganamos”. El mandatario añadió: “Hemos derrotado totalmente a ese país. Así que veamos qué ocurre: tal vez lleguen a un acuerdo, tal vez no. No importa. Desde el punto de vista de Estados Unidos, ganamos”. El republicano calificó de “muy profundas” las conversaciones.
El régimen teocrático, por medio de la agencia de noticias Fars, ha atribuido a las “exigencias irrazonables” de EEUU el fracaso de la negociación, señalando que el estrecho de Ormuz es uno de los contenciosos que aún quedan por resolver. Fars ha indicado que expertos de ambas partes están trabajando para hallar puntos en común y que “el mediador paquistaní está intentando resolver las diferencias y acercar las posturas”. La fuente oficial aseguró que los respectivos equipos de expertos siguen trabajando sobre los textos propuestos y que las conversaciones se reanudarán una vez que dichos borradores estén listos.
Las horas previas al anuncio de la ruptura fueron un hervidero de informaciones. Un alto funcionario de la Casa Blanca había asegurado a los medios desplazados desde Washington que las negociaciones “aún seguían” en la madrugada de este domingo (hora local de Islamabad), “a tres bandas y en persona”. También de madrugada, cuando eran las siete de la tarde en la costa este de EEUU, el Gobierno iraní confirmaba en la red social X que las conversaciones continuarían “pese a algunas diferencias persistentes”, si bien daba por concluida la primera ronda tras más de 14 horas de diálogo. Al final, según Vance, fueron 21 las horas que mediaron entre un posible alto el fuego y la vuelta a la casilla de salida, aunque el canal de comunicación no se haya cerrado.
Así transcurrió la larga jornada de contactos en el hotel Serena, en la Zona Roja de la capital paquistaní: cada detalle que divulgaba una parte lo iba negando la otra, en un indicio de la distancia en las posiciones y la profunda desconfianza con la que comenzó el diálogo. El mero hecho, sin embargo, de que la reunión se celebrara (estuvo cerca de anularse en los días previos), de que hubiese contactos directos y se prolongasen durante horas, representaba un avance alentador tras seis semanas de guerra.









