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ontinuando con la opereta iniciada el 9 de noviembre de 2025, cuando el presidente Paz Pereira “inauguró” el ingreso a La Paz, de cisternas provistas de gasolina (gasolina basura, que ya venía desde el gobierno de Arce) y diésel, exclamando ufano que se acababa el Estado tranca, el 1 de junio de este año dictó el decreto supremo Nº 5595, destinado —según se lee en su artículo 1 (Objeto)— a “establecer la política pública nacional de desregulación, simplificación administrativa y optimización normativa, denominada Programa Tranca Cero".

Extraordinario, ¿no es cierto? Que el Estado deje de obstaculizar en aquellos trámites en que los que causa más perjuicio que beneficio, no es ninguna mala idea.

Por ejemplo, cuando para obtener un certificado de trabajo para acceder a una jubilación, le piden a uno certificado de nacimiento, aunque ya tiene presentada su cédula de identidad, en la cual figura la fecha de su llegada a este mundo. Al respecto, el decreto de marras determina que “En los trámites administrativos en los que no resulte indispensable la verificación de la filiación, el parentesco o el origen registral de la persona mediante el Certificado de Nacimiento, y solamente se requiera acreditar su identidad, las entidades señaladas en el Parágrafo I del Artículo 4 del presente Decreto Supremo, deberán exigir únicamente la presentación de la Cédula de Identidad, prescindiendo del Certificado de Nacimiento”.

Las entidades del artículo 4 son: “(…) todos los ministerios, instituciones públicas descentralizadas, desconcentradas, autárquicas, empresas públicas, empresas en las que el nivel central del Estado tenga participación mayoritaria, sus filiales y subsidiarias, y otras entidades del Órgano Ejecutivo”.

Una empresa que entra de cajón en el ámbito predicho es “Mi Teleférico”, en la cual, sin perjuicio de lo determinado en el decreto y, podríamos decir, a pesar de él, siguen exigiendo la presentación de fotocopia de la cédula de identidad para, por ejemplo, la renovación de la tarjeta correspondiente. Esto contradice el artículo 15.I del decreto, que determina: “Las entidades señaladas en el parágrafo I del artículo 4 del presente Decreto Supremo únicamente podrán solicitar la presentación de la Cédula de Identidad. En ningún caso solicitarán la fotocopia de la misma”.

Cuando uno reclama por esta tontería, que es también un abuso, le contestan que “es política de la empresa” En una de esas, uno encuentra un empleado inteligente que, ante el reclamo del usuario, no exige la fotocopia, pero le saca una foto “para su respaldo”, porque “gerencia lo instruyó de ese modo”.

Paradójicamente, en el Ministerio de Trabajo, a los pocos días de la puesta en vigencia del decreto que comentamos, se instaló una tranca para ingresar a la planta baja y a los pisos 1 y 2. Auténtica tranca, que solo se desplaza con una tarjeta electrónica a cargo del policía de turno. Y, a mayor abundamiento, en el piso 2, para acceder al despacho del ministro, se instaló una puerta que impide el acceso al corredor que lleva a otra puerta (que ya había antes) que, a su vez, impide al ingreso a la antesala que, por su parte, permite el ingreso a otra antesala después de la cual recién está el despacho ministerial. Tranca tras tranca, tranca a la quinta potencia; nada de “tranca cero”.

Otra vez ufano, el presidente ha anunciado la entrada en vigor del diploma de bachiller virtual. Esperemos un poco y comprobaremos que la gobernación, en esta ocasión a cargo de un aliado suyo, exigirá fotocopia de la Cédula de Identidad, por cualquier razón y alegando que las gobernaciones no son parte del gobierno central y puede, por lo tanto, estornudarse en el “tranca cero”.

Hoy, además del eufemismo de eliminar el Estado tranca, tenemos que escuchar que un avión vuela 2.000 Km. de Nueva York a Boca Ratón para que, supuestamente, el presidente de Bolivia se reúna con sus homólogos de otros países. Casualmente, ahí vive su suegro y hay un par de empresas a nombre de su esposa. Y le acompaña su familia.

Cuando uno escucha al presidente y ve lo que realmente hace, se acuerda del “País de ganadores”, del “Coca no es cocaína” o de la “diplomacia de la coca” del expresidente Paz Zamora”. Y piensa cuánta razón tiene el refrán Qualis pater talis filius (“de tal padre, tales hijos”) (gracias Williams Aparicio por haber mentado el refrán).

¿Tranca cero? ¡Las winflas! Tranca pecho, más bien. Ya vivimos atragantados con tanto dislate y con tanto eufemismo. Pero, ojo, no solo del presidente, su vocero y sus ministros, sino también de otros ejemplares como aquel que dijo que en 2003 hubo golpe de Estado, o aquel otro que vive convencido de que el gobierno actual es “socialista progre” (disque por eso no desmonta el Estado Plurinacional ni al masismo); “no es de derecha ni de centro derecha, sino socialista progre”, y otros similares. Y de aquellos que, proclamando como valor supremo y casi único a la libertad, no toleran disidencia de ninguna naturaleza y se encolumnan detrás de quienes están convencidos de que la mano dura es el único remedio para avanzar y vivan a los dictadores que abundan en el mundo, por supuesto si no son de lo que ellos llaman izquierda.

Todos estos deberían repasar historia universal y de Bolivia, algún manual de teoría política (Giovanni Sartori es uno de varios que podrían adquirir y leer), teoría del golpe de estado y otros. Y el presidente y el gobierno, dejar los eufemismos y las tomaduras de pelo.

Así dejarían de trancarnos el pecho con tanta barbaridad.

Carlos Derpic Salazar es abogado.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.