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icen que cada 20 años hay un cambio de rumbo en mi país, Bolivia. Observando nuestra historia reciente, esta teoría parece ser más que una simple coincidencia. Si es así, estamos en el umbral de un nuevo ciclo, listos para dejar atrás las sombras de las últimas dos décadas y abrazar el futuro con optimismo. No se trata de esperar pasivamente, sino de crearlo con determinación, tanto a nivel individual como colectivo.

Esta convicción no es nueva. Hemos soñado —y lo hemos hecho en grande— junto a cientos de emprendedores de la artesanía, la micro y pequeña empresa a nivel nacional. Nuestro sueño fue transformar nuestra realidad, forjar una nueva Bolivia más allá del extractivismo, incorporando el inmenso valor del conocimiento humano para convertir nuestras ventajas comparativas en verdaderas ventajas competitivas.

En retrospectiva, ¿logramos ese sueño? Quizás no de la manera que lo planeamos inicialmente, pero ¡sí! Lo hicimos. Los íconos que buscábamos están ahí, firmes:

  • El Centro Industrial y Tecnológico de Kallutaca existe. Sí, su concepto original fue distorsionado, pues debió ser la piedra angular de una gran Zona Económica Especial. Pero está. Y es asombrosamente sencillo reorientar su rumbo.

  • El Campo Ferial y Centro de Eventos de La Paz está. Pese a una gestión mejorable y una orientación deficiente, la infraestructura está allí.

Estos son nuestros gigantes dormidos. Simplemente necesitan ser "desencantados" para brillar y convertirse en lo que siempre debieron ser: los motores de desarrollo de esta región del país.

Soñamos, también, con la creación del Circuito Ecoturístico y Cultural Mallasa, aunando esfuerzos con sindicatos, juntas de vecinos y emprendedores del Distrito. El rumbo de ese proyecto se perdió en el tiempo, pero, de nuevo, los íconos están intactos: el Valle de la Luna, la Muela del Diablo (Auqui Kollo), el Valle de las Flores, el imponente Parque Valle del Sol, las plazas y capillas más bellas de La Paz.

Nuestros sueños se hicieron realidad en forma de infraestructura. El Circuito Turístico lleva años "dormido" o "encantado" como en los cuentos infantiles. Pero está. Solo requiere el "beso del príncipe" —ese liderazgo y gestión renovada— para despertar y revivir la alegría de esos sueños compartidos.

Y lo más importante: soñamos junto a grandes líderes del sector privado y académico con que la Industria del Turismo fuera reconocida como política pública y alternativa al extractivismo centenario. ¡Lo logramos! El turismo ha sido incluido en el debate presidencial, está en los programas de gobierno de la mayoría de los partidos políticos, en el análisis de grandes especialistas en desarrollo y en el compromiso de nuestra nueva primera autoridad del país. El turismo, como industria, sector económico, exportador y generador de empleo democrático, es ahora una alternativa real.

Un futuro de alegría y aprendizaje

Hay muchísimo más positivo que destacar a nivel nacional. La base ya está construida: tenemos parques nacionales y municipales creados con normas de protección; existen leyes que protegen nuestras culturas, el medio ambiente y a sectores vulnerables (aunque su cumplimiento sea el gran reto); contamos con nueva tecnología que nos abre una ventana al mundo; y somos megadiversos, poseemos el potencial de energías limpias que nos dan alternativas reales al extractivismo y la contaminación.

Por tanto, debemos mirar el futuro con inmenso optimismo.

Debemos salir de las décadas perdidas y encarar el mañana con la certeza de que los sueños sí pueden hacerse realidad, que la creatividad y el esfuerzo del boliviano son infinitos, que nuestra resiliencia ante la adversidad no tiene límites y que nada nos detiene.

Pero esta vez, sumamos un componente esencial: el aprendizaje. Sabemos que no podemos repetir los errores del pasado:

  • Los extremos no son virtuosos; son ciclos pendulares de eterno retorno.

  • El Estado debe dejar de ser una "Tranca" para convertirse en un Estado Facilitador fuerte y honesto.

  • Los sueños de las empresas públicas fracasaron de manera reiterada; el camino genuino es el sector privado (micro, pequeñas, medianas y grandes empresas nacionales), junto a la atracción de inversiones internacionales.

  • El compadrazgo y las cuotas corporativas en la administración pública son errores que se corrigen con meritocracia, respeto y honestidad.

  • El odio como ideología divisiva (entre oriente y occidente, etc.) debe ser desterrado. El verdadero camino es la solidaridad, la empatía, el cariño y el ocuparse sinceramente por el prójimo.

El hiperindividualismo no te hace exitoso. El éxito es alcanzable solo si piensas en tu familia, en tu comunidad y en el otro, tu vecino, que, aunque no siempre esté de acuerdo, es parte indispensable del todo.

"Yo nunca pierdo: a veces gano, a veces aprendo", decía Nelson Mandela.

Este es nuestro caso. Demostramos no solo la resiliencia, sino la capacidad de mejorar a partir de lo vivido.

En suma, hay mucha base que debemos aprovechar y es hora de quitar los frenos y desterrar los odios para salir adelante.

Entiendo la frustración de muchos, pero esa frustración no debe ser un freno. Al contrario, debe ser la fuerza para incluir a todos. Unidos, somos la potencia de un nuevo sueño: el sueño compartido por conciudadanos que desean retornar, emprender y, sobre todo, permanecer para crear juntos la Bolivia que merecemos.

Está en nuestras manos hacerlo. Creemos el futuro, pues los cimientos de estos y muchos sueños ya están construidos.

Rolando Mendoza Patiño es economista e impulsor del turismo sostenible.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.