
in decir esta boca es mia, el dólar oficial ya escaló hasta Bs 12,15 y recién ayer el Banco Central de Bolivia BCB presentó el reglamento para intervenir en el mercado cambiario cuando considere necesario. La medida, en lo técnico, va en la dirección correcta; en el calendario, llegó con la puntualidad de un paraguas después del granizo. Como diría el viejo refrán adaptado: se tranca el corral cuando los burros ya están paseando por el pueblo, muchos de ellos comprando dolarachos
¿Cómo funciona bro? Muy simple. El BCB podrá comprar y vender dólares todos los días, ya sea de forma directa o mediante subastas electrónicas. Cada mañana anunciará cuánto ofrecerá, el tipo de cambio base y las reglas de la jornada. Si hay exceso de demanda o de oferta, la subasta ajustará el precio hasta encontrar un tipo de cambio de equilibrio. El objetivo es amortiguar movimientos bruscos y fortalecer las reservas, sin prometer un precio fijo del dólar. Ojito!!! El reglamento no establece un parámetro claro de cuándo intervendrá y sigue apostando a la incertidumbre. ¿Cuando intervendrá? ¿cuando pase de 13,12,50? .
Este mecanismo se parece mucho al Bolsín, el sistema cambiario que Bolivia utilizó con resultados razonablemente exitosos entre 1985 y 2011. Curiosamente, hasta ayer el equipo equipo económico del gobierno lo descalificaba como una antigüedad de “los años 90”, como si las buenas ideas también jubilaran por decreto. Pero aquel esquema tenía un ingrediente que hoy brilla por su ausencia: el crawling peg, mediante el cual el Banco Central anunciaba una trayectoria gradual del tipo de cambio para anclar las expectativas del mercado. En otras palabras, no solo intervenía: también orientaba. Porque en economía, cuando las expectativas quedan huérfanas, los rumores terminan ocupando el despacho del BCB.
El sistema también recuerda bastante al modelo peruano. Pero ahí termina el parecido. En el Perú, el Banco Central es verdaderamente independiente y administra más de USD 90.000 millones en reservas internacionales. En otras palabras, cuando interviene no solo habla: también lleva la billetera. En economía, los mercados escuchan los discursos… pero obedecen a la credibilidad. Y esa, lamentablemente, no se subasta por resolución administrativa.
Gonzalo Chávez Álvarez es economista y analista.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
