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andamos tomándonos en serio la canción de Julio Iglesias que decía “Tropecé de nuevo y con la misma piedra”. O permanentemente estamos bebiendo un brebaje para la amnesia.

Porque ¿cuándo estuvimos mejor? ¿Bolivia fue mejor en 1826, en 1879, en 1899 o cuando celebró su centenario de vida? Para los comentaristas en redes, que se quejan por “lo mal que está Bolivia”, aquí les traigo unas dosis de memoria.

Hace 40 años, Bolivia se vistió de luto cuando el narcotráfico le quitó la vida al eminente profesor Noel Kempff Mercado, al piloto Juan Cochamanidis y al guía Franklin Parada. Sólo el científico español Vicente Castelló consiguió escapar y sobrevivir.

Hace 101 años, el expresidente Bautista Saavedra utilizó las festividades del Centenario como una cortina de humo para ocultar las tensiones internas y las injusticias sociales que plagaban a Bolivia. Sin embargo, la violencia y la represión de movimientos sociales como la masacre de Uncía en 1923 “dejaron en claro que el progreso superficial no ocultaba las profundas divisiones internas”. indica el activista Misael Poper.

¿Alguien recuerda los juicios por Petrocontratos, los Misiles Chinos, Chitochatarras, ENFE, Reforma Educativa, Octubre Negro o, el juicio contra el otrora presidente Mariano Melgarejo, el 6 de febrero de 1871 que fue impulsado por el gobierno de Agustín Morales, quien declaró delincuente al general Melgarejo por traición a la patria, prevaricato, desmembramiento del territorio nacional, matanzas de indios, falsificación de la moneda nacional y escandalosa embriaguez habitual?

¿Y no vienen a tu memoria el asalto de las remesas de la UMSS, asalto por el cual nuestro famoso ex presidente y licenciado en Matemáticos estuvo preso? O el juicio de responsabilidades a Víctor Paz Estenssoro, propiciado por su propio vicepresidente, René Barrientos Ortuño, o incluso recordar al Barbas Chocas, el Techo de Paja, ¿y demás personajes que pululan en la historia del país?

Perpetuamente estamos dispuestos al olvido, o al perdón a medias, o dejamos que la justicia obre de manera parcializada. Perdón, se escribe “justicia”, entre comillas, porque sólo quién la paga, la obtiene.

“Que el país está mal” “qué malas noticias”, “Bolivia se cae a pedazos”. ¿Alguna vez estuvo bien? ¿Alguna vez fue ese paraíso terrenal que los políticos predican en campaña? La piedra con la que tropezamos en Plurilandia está desde su nacimiento.

Somos un estado fallido, barnizado de estandartes y desfiles, que pasan por calles de tierra y precariedad. Queremos resolver problemas complejos con soluciones simples. Con comentarios en Facebook creyendo que “con ese candidato SÍ hubiera sido diferente”, o peor aún, creyendo que un presidente sería la solución inmediata. Recae en un (pobre) ciudadano plurinacional, la responsabilidad de arreglar la tremenda disonancia cognitiva, entre el país que leemos en los libros de historia, entre el país que vemos en las noticias, el que vemos en las calles, y el que le contamos a la gente cuando viene de afuera.

Te diré unos titulares para ilustrar el punto: “Juicio de responsabilidades al ministro”, “La COB pide la renuncia del presidente”, “Bloqueo hasta las últimas consecuencias de sectores”, “Detecta corrupción en oficina del Estado”. ¿De qué años crees que son estos titulares? ¿Te sorprendería saber que vienen de una revisión del extinto diario Presencia, de los años 60s?

¿Te sorprendería saber que la única diferencia entre esa época y hoy, es que ahora crees ejercer tu derecho a la libertad de expresión mediante un comentario en internet vs llamar a un programa radial de la tarde?

Sí, hay más edificios, hay más franquicias y hasta autos eléctricos, pero en esencia, Bolivia sigue siendo ese Frankenstein de retazos de pueblos, unidos a la fuerza, bajo una bandera y una idea de libertad, pero que hasta el día de hoy, no termina de cocinar en el horno de los países.

Tal vez es hora de detenerse en el camino y evitar tropezar nuevamente, y preguntarse: ¿realmente qué queremos como país? No es una respuesta fácil, pero sí honesta, para dejar de mentirnos con frases lloronas en Facebook.

Mónica Briançon Messinger es periodista.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.