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n el partido de ida el equipo fue goleado 6-0. Tras la catástrofe, los directivos echan al técnico y contratan a otro para que, en 90 minutos de juego, no solo vengue la derrota inicial, sino que supere los seis goles para pasar a la siguiente fase. El nuevo entrenador decide echar a todos los jugadores del equipo, porque con los inútiles que tiene su horizonte es negro; por tanto, deberá convocar a otros jugadores, ingeniar un sistema de juego capaz de revertir semejante goleada. Lo lógico es que diga; me comprometo a no recibir otra goleada y nada más.

El pasado lunes, el abogado José Armando Urioste Vera fue posesionado como fiscal general del Estado interino. Prometió limpiar la cara del Ministerio Público, impulsar reformas y garantizar su independencia. Se fijó un plazo de 90 días para poner “la casa en orden”. Como primera medida solicitó a los fiscales departamentales poner sus cargos a disposición. Esta medida forma parte de un proceso de reestructuración, transparencia y renovación institucional.

En otras palabras, echará al arquero, todos los defensores, mediocampistas y delanteros; no quiere a ninguno. Pretende formar un nuevo equipo con hombres meritorios y capaces ¿dónde los encontrará? No tiene tiempo ni para cumplir con un entrenamiento; bajo esas circunstancias enviará a sus 11 leones a cumplir el partido de revancha; es probable que “le vaya como en la guerra”, tal vez gane por un gol o probablemente se exponga a recibir una goleada. Tendrá la disculpa a la mano: ¿Ustedes creen que en 90 días forme un equipo de estrellas?

Durante dos siglos la sociedad boliviana ha sido un escenario donde la selección por la familia se ha impuesto a quienes pretendían ser seleccionados para los altos cargos por sus méritos. Adolfo Ballivián Moscoso llegó a la presidencia apoyado por el prestigio de su padre José Ballivián Segurola. Hernán Siles Suazo fue hijo de otro presidente: Hernando Siles Reyes; su hermano de padre Luis Adolfo Siles Salinas también bebió la miel de la presidencia. Actualmente, Rodrigo Paz Pereira es hijo del expresidente Jaime Paz Zamora, quien a su turno es sobrino segundo de Víctor Paz Estenssoro.

Los defensores del principio familiar argumentan que, para la educación de los niños, la humanidad no ha encontrado todavía ningún sustitutivo eficaz del sistema empleado durante tanto tiempo. Los niños educados en escuelas rurales, públicas y orfelinatos, incluso los más inteligentes, argumentarán que carecerían de esa seguridad interior indispensable para convertir su capacidad en eficiencia. Menos mal que la realidad muestra otros casos distintos, porque Lula da Silva viene de una familia de agricultores; Benito Juárez es de origen indígena, Pepe Mujica era de clase modesta y entre los nuestros, Evo Morales viene de una comunidad indígena del altiplano.

Ello no implica que el nuevo Fiscal General del Estado acuda a sus familiares y amigos para ocupar los cargos vacantes. Es poco probable que tenga una amplia visión de los abogados del medio, de manera que apelará al consejo de sus amigos (algunos bien intencionados y los otros), en un ambiente donde recibir dinero ilícito o romper las reglas se ha vuelto cotidiano, de manera que el patriotismo y el bien común han venido desapareciendo.

En enero de 2023, Transparencia Internacional presentó los datos obtenidos de su último estudio sobre corrupción en el mundo. En este ubican a Bolivia con puntaje de 30 unidades sobre 100 sin que haya variado desde el año 2021. Estamos en el puesto 129 sobre 180 países compartiendo deméritos con Paraguay y solo superando a Venezuela en esta escala. De este contexto tendrá que elegir el señor Urioste a los más probos, meritorios o por lo menos a los que menos antecedentes negativos tienen en la rama de abogados, a quienes gusta llamarse doctores, más por una costumbre histórica y no necesariamente porque tengan un doctorado académico.

Hay otra tarea a largo plazo y que no requieren de 90 días. Por ejemplo, fortalecer nuestro contexto social. Nuestros organismos de control social deberían ser más rigurosos, mostrando otras formas de comportarse, que presenten lo productivo y lo bueno de los actos en los que la gente colabora o en los que la gente es generosa. Si tenemos un contexto social en los que predominen los actos colaborativos, por encima de los actos individuales, seguramente tendremos un mejor control para los actos corruptos, que muestran el simple castigo, la penalidad o la cárcel, como ocurre con los que han sido destituidos con oprobio de sus cargos. Tal vez en ese futuro encontremos a personas meritorias dignas de llegar a cargos estatales.

Ernesto Murillo Estrada es filósofo y periodista.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.