
i un Presidente de Estado, ni un partido, ni un sistema político gobierna solo y para sí mismo. Ejercer la política no es para conseguir y mantener el poder político.
Se gobierna o bien o mal o pésimo. En democracia hay un sistema que debe funcionar y que tiene reglas claras.
Cada cinco años elegimos a un gobierno, liderado por un Presidente y Vicepresidente. Quienes pueden ser revocados al cumplir su segundo año y medio de gestión. Para eso se deben reunir firmas e iniciar los trámites para otro acto democrático: el revocatorio.
La democracia nos convoca, nos exige a todos a ser ciudadanos con derechos y obligaciones. A asumir responsabilidades que demanda de los gobernantes alta dosis de decencia y respeto.
Pero esa democracia tuvo sobresaltos o quiebres, como lo ocurrido en octubre de 2003, cuando una revuelta popular a nivel nacional exigió la renuncia del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, que tuvo que huir en helicóptero. La historia se repetiría con sus matices con la renuncia de Evo Morales el 10 de noviembre de 2019, luego del fraude electoral denunciado. La democracia siguió su ruta y se fortaleció el 2025-2026: acudimos a las urnas en cuatro oportunidades para elegir a los gobernantes.
Los tambores de guerra se escucharon fuerte hace algunos días y desde el corazón de Bolivia anunciaron una fuerte resistencia a las medidas económicas, asumiendo acciones de protesta radicales, como los bloqueos de caminos, marchas que tendrían un objetivo claro: forzar la renuncia del Presidente para alistar la alfombra roja en el regreso triunfal de Evo Morales, quien ha decidido volver a la Casa Grande del Pueblo, por las buenas o las malas. El expresidente que es fruto o hijo de la democracia, no es democrático.
Pero el gobierno de Rodrigo Paz se adelantó para bloquear estos intentos y lo hizo con el mejor y eficaz instrumento para neutralizar a los radicales y violentos: la justicia y nada mejor develar los delitos que hubiera cometido el Fiscal General del Estado, acusado de proteger a los narcos y recibir ingentes cantidades de dólares. Hoy el Fiscal está procesado, acusado y encarcelado, junto a otros que supuestamente eran parte de las redes criminales. El Fiscal no actuo solo, tiene una maraña de complicidades.
Recordemos que el fiscal general durante los pasados 53 días de bloqueos criminales nunca procesó a los bloqueadores ni autores intelectuales, mas, al contrario, fue garante para el diálogo que llevó adelante el gobierno.
Hay otro elemento central en esta estrategia defensiva del gobierno, instalar una narrativa fuerte: el narcoterrorismo, vinculando las posibles protestas sociales contra el dieselazo y otras medidas económicas con el narcotráfico y las actividades terroristas, que en otros países han generado miles de muertos y destrucción de bienes públicos y privados.
Se neutralizaron ―por el momento― las anunciadas protestas que sectores evistas y cocaleros pensaban llevar adelante, pero a cuyos autores la justicia aun no les llegó porque están protegidos en Chapare, que hasta el momento es controlado, al mejor estilo, de los gulag soviéticos por el poder de Evo Morales. El lunes 12 es el plazo para que sus demandas sean atendidas.
Pero más allá de estas disyuntivas, el mes de octubre es esperado, porque significa el décimo mes del año y en el cual se han registrado grandes acontecimientos, como la revolución bolchevique de 1917; la captura y ejecución del Che Guevara en 1967, la huida de Goni en el 2003, y otros. Lo llamaron octubre negro.
Todos estos acontecimientos tuvieron un significado importante: La necesidad de construir un mejor país, una mejor sociedad, en las que los ciudadanos de este país, Estado, Nación o República tengamos las mismas oportunidades y derechos para comer, estudiar, ser atendidos en el sistema de salud, tener el debido proceso en la justicia, movilizarnos de un lugar a otro, asegurarnos una fuente laboral, en la vejez que garanticen una renta digna, ejercer los derechos políticos, no solo de votar sino de ser elegidos, un país donde la equidad y la justicia sean reales, no solo que queden plasmados en el papel de la Constitución Política del Estado.
Octubre nos debe provocar para no vaciarnos de esperanzas, para actuar con convicciones y energías, de lo contrario, si no podemos actuar a la altura del devenir histórico todas las predicciones de los agoreros se harían realidad.
“Si vamos a jugar a la política, y todos tenemos que hacerlo de vez en cuando, debemos aprender cómo ganar en el juego. Esperamos y creemos que esto es precisamente lo que todos podemos sacar de esta propuesta: cómo ganar en el juego de la política y tal vez incluso, al hacerlo mejorar un poco el mundo”, nos recomienda los politólogos Bruce Bueno de Mesquita y Alastir Smith en su libro Manual del dictador.
Seamos protagonistas de un octubre con todos los colores de arcoíris, pero con las capacidades de indignarnos, de estar despiertos, de no tenerle miedo al poder para exigirle y recordarle que se gobierna con valentía, con decencia, con equidad y se vayan acortando las brechas de las desigualdades, de los favoritismos, de los adulados del poder, esclarecer y sancionar los varios hechos de corrupción y procesar a los corruptos, porque hacer política no es solo para mantenerse en el poder, es concretar planes y programas para el bienestar general, para el pueblo.
El filósofo español José Antonio Marina nos da estos consejos: “Para que los ciudadanos no sean necios, hay que eliminar la ignorancia y el fanatismo; para que no sean medrosos, es necesario eliminar el miedo al poder; para no dejarse llevar por el desamor entre sí, favorecer la confianza y la cooperación; y para no fazer pobres aumentar la prosperidad general”.
Bolivia siempre ha estado en movimiento dialéctico y en sus 201 años de fundación, las ansías de libertad y por mejores condiciones de vida, han orientado las luchas sociales y políticas, en las cuales el protagonista ha sido el pueblo.
Hernán Cabrera Maraz es periodista y filósofo.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
