
i malos. Son simplemente resultados contables que miden de forma parcial el flujo de dólares entre un país y el resto del mundo. Lo mismo aplica a los déficits comerciales. No son ni buenos ni malos pese a toda la mala propaganda que reciben.
La errónea connotación positiva, o negativa, de estos resultados contables surge del nombre que se les puso en alguna mala hora. Los superávits se asocian a ganancias (lo cual es bueno) y los déficits a pérdidas (lo cual es malo), pero en términos de comercio internacional exportar más (o menos) que lo que importamos no implica en absoluto que estemos generando ganancias (o pérdidas). En efecto, le haríamos un gran favor a los estudiantes de economía, a la opinión pública y, sobre todo, a los políticos que siempre andan perdidos, si eliminamos de una vez por todas esta terminología.
Escribo esta aclaración porque he venido escuchando a funcionarios de gobierno, periodistas y analistas económicos celebrar que Bolivia registró un superávit comercial de $801 millones entre enero y febrero de este año. Los vítores vienen, por supuesto, acompañados de quejas y protestas porque el superávit llega solo después de tres años consecutivos de déficits. Pero como explico abajo, ni los vítores ni las quejas tienen justificación alguna.
Partamos con un ejemplo sencillo. Ud y su familia le compran todos los días un montón de cosas a su casera de la esquina: pan, fruta, Coca Cola, etc.; ella, sin embargo, no les compra nada a ustedes. Si su familia y su casera fueran los únicos países en el mundo diríamos que su familia presenta un altísimo déficit comercial (importa de la casera más de lo que le exporta) y que su casera presenta un altísimo superávit comercial (le exporta más a su familia de lo que le importa). ¿Diría Ud, entonces, que su familia ha generado una pérdida con su casera o que su familia está peor con ese déficit comercial? Por supuesto que no. Sería absurdo pensar que su familia está peor después de haberse procurado todos esos bienes externamente en lugar de haber tratado de producirlos internamente (lo cual hubiera sido imposible o tremendamente costoso). De hecho, el déficit comercial con su casera le permite a su familia ahorrar tiempo y asignar más eficientemente sus recursos. Ergo, su familia genera más riqueza abierta al comercio que cerrada al mismo.
¿Diría Ud, equivalentemente, que la casera está mejor o le ha sacado a su familia una ganancia porque le exportó muchas cosas, pero no importó nada de ella? Eso tampoco tiene mucho sentido. La utilidad de la tienda de la casera se da al margen de si ella decide comprarle algo o no a su familia. La tienda tendrá utilidades si vende productos a un precio mayor a su costo, pero eso no tiene nada que ver con que luego su casera decida comprarle cosas o no a su familia. Ergo, el bienestar o la riqueza de la casera no depende del superávit comercial con su familia.
Las transacciones entre los países se registran en un sistema contable llamado Balanza de Pagos. La Balanza de Pagos tiene dos cuentas: la Cuenta Corriente y la Cuenta Financiera. La Cuenta Corriente registra las importaciones y exportaciones de bienes y servicios. Aquí es donde uno encuentra los famosos déficits o superávits comerciales. La Cuenta Financiera, por su parte, registra los flujos financieros o cambios en la propiedad de activos y pasivos financieros entre los residentes de un país y los residentes del resto del mundo. Estos activos y pasivos financieros incluyen inversión extranjera directa, compras de stocks, bonos, e instrumentos de deuda, además de activos de reserva controlados por el Banco Central como oro, divisas y derechos especiales de giro.
Y aquí viene lo importante. Por definición, dado que se usa el sistema contable de doble entrada, la Balanza de Pagos está siempre en balance, es decir, es siempre igual a cero. Eso quiere decir que si se tiene un déficit en Cuenta Corriente (un déficit comercial), este será exactamente compensado por un superávit en Cuenta Financiera y al revés, si se tiene un superávit en Cuenta Corriente (un superávit comercial), este será exactamente compensado por un déficit en Cuenta Financiera. Esto nos regresa al ejemplo de su familia y la casera, los superávits o déficits comerciales por sí mismos no importan, no son buenos ni malos, solo cuentan la mitad de la historia, la otra mitad está dada por el flujo financiero entre los países. Cuando se ponen las dos cuentas juntas los países están siempre balanceados.
Tratemos de entender mejor este punto. Una forma de verlo es que los déficits comerciales solo son posibles si captamos ahorro del resto del mundo. Este es el caso de Estados Unidos. Este país lleva ya casi 50 años de déficits comerciales consecutivos y nadie está muy preocupado por ello (excepto, por supuesto, Donald Trump que no entiende nada de economía). No solo que los déficits comerciales no preocupan, sino que los Estados Unidos han podido crecer y crear riqueza a mares gracias a ellos. ¿Cómo lo pueden hacer? Pues porque su Cuenta Financiera presenta equivalentes superávits por los mismos 50 años. Estados Unidos capta mucho ahorro del resto del mundo que se materializa en masiva inversión extranjera, compra de stocks y bonos de sus empresas, inversión en bienes raíces, etc. Este ahorro extranjero les permite a los americanos comprar más de lo que venden. Si Estados Unidos revertiera ese déficit comercial y lo transformara en superávit, entonces sería Estados Unidos el que volcaría mucho de su ahorro al resto del mundo financiando la inversión en otros países. Esto es lo que hacen países como China, Irlanda o Arabia Saudita que típicamente presentan superávits comerciales.
Otra forma de verlo es que los países pueden sostener déficits comerciales porque compran a crédito. Me explico. Un déficit comercial implica recibir más bienes y servicios de los que se envía al resto del mundo. La diferencia se liquida con un pagaré, es decir, los países a los que les compramos nos ofrecen su ahorro, en la forma de crédito o fiado, para que podamos seguir comprándoles (una vez más, el déficit en Cuenta Corriente solo es posible con un superávit equivalente en Cuenta Financiera).
Veamos un ejemplo. Cuando compramos uvas de chile las pagamos con bolivianos. Los chilenos que nos venden las uvas reciben esos bolivianos y los pueden usar inmediatamente para comprar cosas que nosotros producimos o guardarlos para usarlos en el futuro. Si pasa lo primero el comercio entre Bolivia y Chile se mantiene en balance. Pero si los chilenos guardan esos bolivianos para comprarnos cosas en el futuro entonces nos habrán otorgado un crédito (u otorgado su ahorro): nos dan las uvas a cambio de papelitos que usarán después para comprar bienes y servicios bolivianos. Esto genera el déficit comercial y el equivalente superávit financiero para Bolivia.
Ud. me dirá que nosotros no compramos las uvas de Chile con bolivianos sino con dólares. Correcto, pero esa es solo una intermediación. Si podemos comprar dólares con bolivianos para después comprar las uvas chilenas es porque alguien está dispuesto a aceptar bolivianos a cambio de dólares que después tendrá que usar inevitablemente para comprar cosas bolivianas. Y aquí es que funciona a la perfección el mecanismo de equilibrio del mercado. Si nuestro déficit comercial es muy alto, la compra de dólares para comprar productos extranjeros reducirá las reservas internacionales netas y hará que, en algún momento, si no recibimos inversión extranjera u otro tipo de flujo de ahorro desde afuera, el precio del dólar suba por su escasez y ya no sea atractivo seguir comprando productos extranjeros. Esto reducirá las importaciones (y aumentará las exportaciones dado que los bolivianos se devaluarán) y reducirá el déficit comercial. Volvemos entonces al argumento anterior: no se pueden mantener déficits comerciales sin superávits financieros.
¿Es entonces malo tener déficits (y es bueno tener superávits) comerciales por su efecto sobre las reservas internacionales netas? Una vez más la respuesta es no. Eso sería como decir que el déficit comercial con su casera hace que Ud pierda su trabajo que es lo que le permite tener ingresos para ir a comprar a la tienda. En realidad es exactamente al revés, como en el caso de Estados Unidos, los déficits comerciales con su casera son reflejo o producto de su capacidad de generar ingreso o captar ahorro externo. Cuando esa capacidad se reduzca se reducirán automáticamente los déficits comerciales.
Dejemos de ver el comercio internacional como un partido de fútbol en el que los superávits comerciales significan victorias y los déficits derrotas. Esta forma de pensar les ha hecho mucho daño a los países porque en aras de procurar superávits comerciales los gobiernos se embarcan en políticas tontas como los aranceles, los subsidios a industrias nacionales, la sustitución de importaciones, etc., que terminan siempre causando estragos.
Antonio Saravia es economista y analista.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
