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istóricamente la comunicación ha sido considerada el tercer poder en el mundo. Hoy, ese poder no ha desaparecido; al contrario, se ha amplificado, diversificado y vuelto transversal, porque influye en todos los ámbitos que nos podamos imaginar.

Indiscutiblemente, ese poder hoy se manifiesta con mayor fuerza en las redes sociales. Son una herramienta poderosa. Y como toda herramienta, surge el debate inevitable: ¿es buena o es mala?

La respuesta es sencilla y, a la vez, profunda: toda herramienta es buena o mala dependiendo quién la use, es decir, en qué manos esté.

Existen ejemplos muy gráficos. La piedra que en las manos del rey David derrotó a Goliat; no es distinta de la que hoy adorna un jardín o bloquea un camino. Lo que cambia no es la piedra, sino la conciencia de quien la sostiene.

Bajo esta lógica, cualquier herramienta en las manos equivocadas puede destruir, lastimar, confundir, enfermar, etc.

Lo mismo sucede con las redes sociales.

Si están en manos limpias, pueden sanar, educar, entretener, inspirar y construir.

Por eso, antes de crear una cuenta en TikTok, Instagram, Facebook u otra red, sería ideal preguntarnos si tenemos la madurez, el criterio y la responsabilidad para usarla no solo en beneficio propio, sino también en beneficio de los demás.

Y más aún, deberíamos detenernos un minuto para pensar antes de reenviar o compartir cualquier mensaje que nos llegue a través de las redes sociales, al menos si es conveniente hacerlo o es mejor cortar su efecto multiplicador.

Porque hoy, más que nunca, el poder está en nuestras manos.

Marioly Chávez Arteaga es relacionista internacional, vicepresidenta de Colegio de Internacionalistas de Santa Cruz, docente universitaria y profesora de piano.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad de la autora y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.