
egún los reportes de diversos medios de comunicación europeos, cerca de 42 países se encuentran —actualmente— inmersos en conflictos bélicos activos. Desde guerras con otros Estados o con grupos terroristas y rebeldes, o, con diversos grupos u organizaciones criminales entre sí. Estos países concentran casi la mitad (48,4%) de la población mundial, lo que significa cerca de 4 mil millones de personas están en medio de una conflagración.
Ahora, si además tomamos en cuenta los conflictos interestatales entre Estados (interestatales) o los enfrentamientos de un Estado con uno o varios grupos armados no estatales dentro de sus propias frontera (intraestatales) o, un Estado enfrentado a un grupo armado no estatal fuera del territorio de dicho Estado (extra sistémicos) y, finalmente, los no estatales (grupos armados entre sí, como rebeldes, organizaciones criminales o grupos étnicos), la sumatoria llega a 42 países del mundo que actualmente se encuentran en un conflicto activo.
En este escenario hay de todo para todos. Por ejemplo, los conflictos interestatales siguen siendo escasos. Aparte de la guerra de Rusia contra Ucrania y Afganistán y Pakistán, una decena de países de Oriente Medio se encuentran en guerra, por causa del lanzamiento de los ataques israelí-estadounidenses contra Irán el 28 de febrero.
Los países con poblaciones numerosas, como la India, Brasil, Nigeria o México, se encuentran inmersos en conflictos que enfrentan a las fuerzas estatales con diversas bandas mafiosas, cárteles de droga, grupos armados u organizaciones terroristas que hunden a dichos países bajo el sello de narco estados o de alto riesgo. El último operativo de la policía federal de Brasil en las favelas de Rio de Janeiro es una triste muestra de cuán profunda es la toma de “soberanía” dentro de los países por parte de estas organizaciones criminales.
Bolivia no está tan lejos de sufrir estas acciones beligerantes, al tener todo un territorio dentro del departamento de Cochabamba, como es el Chapare, por grupos irregulares y donde no tiene acceso la policía ni los militares. Entonces, los conflictos no están lejanos y extraños a nuestra rutina de vida diaria.
El 5 de marzo, cuando Estados Unidos e Israel iniciaron los bombardeos en Irán. Una semana después —aproximadamente— 16 países se vieron arrastrados a la guerra. Entre ellos un miembro de la Unión Europea (Chipre) y un miembro de la OTAN (Turquía, cuyo territorio ha sido blanco de varios misiles iraníes).
Si excluimos aquellas actividades de guerra híbrida lideradas por Moscú contra los países europeos, Ucrania es el único país del continente actualmente envuelto en una guerra de alta intensidad librada en su territorio empujada por el desquiciado y mafioso Putin.
No obstante, varios países europeos son, desde hace un par de semanas, blanco de ataques y tentativas de agresiones terroristas, dirigidos sobre todo contra instituciones y comunidades judías.
Las cifras del Programa de Datos sobre Conflictos de la Universidad sueca de Uppsala indican que el número de conflictos no estatales e intraestatales se ha duplicado entre 2010 y 2024, lo que eleva el número total de conflictos activos a cerca de 200, el doble que al final de la Guerra Fría.
Todo este escenario tan volátil, empeora con el anuncio desquiciado de Trump de enviar cerca de 50 mil militares estadounidenses en el Oriente Medio. Y de acuerdo con el propio Pentágono, se estaría desplegando a 7 mil soldados adicionales, con el probable objetivo de realizar operaciones terrestres en las islas situadas en el estrecho de Ormuz, o incluso hasta lanzar asaltos en el interior del territorio iraní.
Latinoamérica no está alejada del todo a las múltiples consecuencias de la guerra que se está librando en el Medio Oriente. La economía será el factor en común que en todo el continente se verá afectada. Al margen de las alineaciones bajo una mirada política que fijen posturas positivas o negativas sobre el conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán, serán los mercados los que se verán afectados y, junto a ellos, los ciudadanos.
¡Espantoso!
Javier Medrano Rodríguez es periodista y politólogo.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
