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Hasta cuánto debe subir el dólar para vivir sin sobresaltos? ¿a Bs 11, a Bs 14 o quizá a Bs 15? Probablemente esta sea la pregunta que más se repite en las conversaciones, formales e informales, en torno al nuevo tipo de cambio oficial. El dólar sube cada día y la gente quiere saber hasta dónde llegará. Es una preocupación legítima; sin embargo, si buscamos respuestas precisas es necesario replantear la pregunta en forma de ¿cuándo aparecerán los dólares en el mercado cambiario?

La medida adoptada por el Banco Central de Bolivia (BCB) se sustenta en el razonamiento elemental de que un precio más alto atraerá más oferta de dólares. Subir el tipo de cambio que estaba artificialmente bajo incentivará la oferta de divisas dentro del sistema financiero; en consecuencia, se habrá terminado la escasez.

Con estas ideas en mente, el BCB puso en marcha un mecanismo de devaluación a cuentagotas a partir del primer día de julio. Diariamente, fija y publica el tipo de cambio oficial para dosificar el ajuste en el tiempo. Asimismo, la normativa establece un margen de 10 centavos de boliviano para evitar saltos bruscos. En 15 días de vigencia, el dólar pasó de 9,73 a 10,70 bolivianos, escalando a un ritmo de 10 centavos por día hábil.

Aunque aún es prematuro para valorar el alcance de esta medida, lo cierto es que los dólares siguen sin aparecer. Si uno va en este momento a un banco o a una casa de cambio en busca de dólares, simplemente recibirá la misma respuesta de siempre.

Y ahí, precisamente, está el punto central. El costo social de aceptar un determinado nivel de devaluación no se mide por la cotización del día, sino por su impacto en la reconstrucción del mercado cambiario. Un tipo de cambio será suficiente cuando el sistema financiero opere con fluidez y normalidad o cuando la brecha con el mercado paralelo se reduzca al mínimo. Pero si la escalada no se traduce en un mayor flujo de dólares, será señal de confirmación de que existen otras distorsiones de igual o mayor peso que el precio del dólar.

Dicho de otro modo, que el Banco Central haya optado por un ajuste cambiario a cuentagotas hasta alcanzar un nivel —probablemente ya predeterminado— es una apuesta de alto riesgo. Para que tenga sentido, debe formar parte de una estrategia de estabilización integral que combine medidas en materia fiscal, monetaria y financiera. Y ese es el problema, porque el gobierno carece de un verdadero plan o programa económico, más allá de frases hechas y discursos generalistas.

Lo único que parece tener claro es que la devaluación ayuda a mejorar el perfil del gobierno de Rodrigo Paz frente a los organismos multilaterales para acceder a nueva deuda externa. Su plan concreto es financiar el déficit fiscal de dos dígitos y las importaciones de combustibles mediante endeudamientos a un ritmo de 3.000 a 3.500 millones de dólares por año. Es decir, reproducir el mismo modelo económico del gobierno de Arce, con la salvedad de que ahora la gente está asumiendo los costos del tipo de cambio flexible.

El nuevo tipo de cambio oficial no constituye una medida de “sinceramiento” en tanto persista la escasez de dólares. Es, simplemente, una devaluación cuyos resultados esperados cuanto menos, son dudosos. Para la población, es sinónimo de encarecimiento y pérdida del poder adquisitivo de los ingresos familiares. Si los dólares continúan sin aparecer, la escalada cambiaria habrá sido en vano.

Gonzalo Colque Fernández es economista e investigador de la Fundación Tierra.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.