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o es alarmismo. Es aritmética. Bolivia camina hacia una convergencia que cualquier gobierno serio debería estar planificando hoy: ingobernabilidad interna y un fenómeno climático probable. Si no hay blindaje geoeconómico en 90 días, lo que viene no es una crisis. Es un colapso administrado por terceros.

El frente interno. Cuarenta puntos de bloqueo. Pérdidas estimadas por la Cámara Nacional de Industrias entre 50 y 60 millones de dólares por día. Cinco mil camiones varados. Puentes aéreos para mover oxígeno medicinal. El kilo de pollo duplicado en La Paz. Los bloqueos de mayo de 2026 no piden políticas: piden la renuncia del presidente Rodrigo Paz, encabezados por la COB y sectores campesinos que fueron base del MAS. Es un pulseo por el control del Estado, no una protesta sectorial.

El frente externo. NOAA y la OMM coinciden: 61-62% de probabilidad de que El Niño se desarrolle entre mayo y julio, con persistencia hasta fin de año. Un evento así puede restar entre 0,6 y 1,7 puntos al PIB. Bolivia tiene reservas internacionales netas de 3.542 millones de dólares y destina la mayor parte a importar combustibles. No hay margen para esperar. Lo que el Gobierno no está haciendo. Paz normalizó parcialmente el suministro de combustibles, a partir de apertura comercial de cierto modo el tipo de cambio paralelo se estabilizó y reconstruyó parcialmente las reservas. Pero no hay reservas estratégicas de granos comunicadas, ni plan de captación de agua, ni corredores logísticos alternos activos. El diálogo sin plan es tiempo perdido.

Cinco criterios ejecutables:

Uno. Reserva estratégica alimentaria con líneas contingentes de CAF, BID y FAO, administrada por EMAPA, complementada con acuerdos de suministro con Argentina y Paraguay.

Dos. Corredores logísticos formalizados por el eje Santa Cruz-Puerto Suárez y la hidrovía Paraguay-Paraná, mediante acuerdos bilaterales urgentes.

Tres. Inversión hídrica acelerada - atajados, microrepresas, riego tecnificado - en valles interandinos y altiplano norte, reprogramando el PGE 2026 con criterio de adaptación climática.

Cuatro. Transferencia directa al productor atada a compra verificada de semilla resistente y fertilizante. Los controles de precios vacían góndolas; ya lo vimos con azúcar y aceite.

Cinco. Mesa técnica regional con Perú, Argentina, Brasil y Paraguay, vía Cancillería y OMM, para intercambio de información satelital, stocks y precios.

El cierre. Los bloqueos no van a ceder porque quienes los conducen buscan la caída del Gobierno, no acuerdos sectoriales. El Niño puede aparecer o no, pero las probabilidades obligan a actuar. La pregunta no es si Paz heredó esta crisis —la heredó— ni si los bloqueadores tienen razones legítimas —algunas sí, otras no—. La pregunta es si este Gobierno entiende que en los próximos 90 días se juega su gestión, y si está dispuesto a planificar como si la tormenta ya hubiera empezado.

Porque ha empezado.

Roberto Barrios Garnica es economista, especialista en geoeconomía y experto en desarrollo de corredores bioceánicos.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.