
os auriculares forman parte de la rutina diaria de millones de personas: acompañan los traslados, el estudio, el trabajo remoto, el ejercicio y las tareas domésticas. La posibilidad de acceder a música, podcasts o llamadas desde cualquier lugar consolidó un hábito extendido entre distintas edades, con particular presencia entre adolescentes y adultos jóvenes.
La frecuencia de uso, sin embargo, abrió preguntas sobre los efectos de una exposición sostenida al sonido. Escuchar contenidos durante muchas horas o a un volumen elevado puede asociarse con problemas auditivos, mientras que su presencia constante también puede limitar intercambios cotidianos con otras personas.
El riesgo no depende del dispositivo por sí solo, sino de la intensidad del sonido y del tiempo de exposición. Instituciones de salud y especialistas coinciden en que incorporar pausas, mantener un volumen moderado y prestar atención a síntomas persistentes son factores relevantes para reducir la sobrecarga sonora.
El oído interno cuenta con células ciliadas que convierten las ondas sonoras en señales que el cerebro interpreta. De acuerdo con Harvard, el exceso de sonido puede dañar de forma permanente esas estructuras y también alterar la conexión entre las células ciliadas y las células nerviosas. Este mecanismo explica por qué la exposición a sonidos intensos puede derivar en pérdida auditiva inducida por ruido.
La audióloga Kate Johnson, de la Universidad de Utah, explicó que el daño depende de una combinación de volumen y duración. A mayor intensidad, menor es el tiempo necesario para que aparezca un riesgo. Johnson indicó que una exposición de 85 decibelios puede sostenerse durante ocho horas sin daño auditivo, pero que cada incremento de tres decibelios reduce a la mitad ese período.
Los teléfonos, tabletas y otros dispositivos de audio pueden alcanzar niveles de entre 105 y 120 decibelios en su volumen máximo. Harvard señaló que una exposición superior a 85 decibelios puede causar daños después de más de dos horas, mientras que los niveles de 105 a 110 decibelios pueden resultar perjudiciales en apenas cinco minutos.
Un estudio transversal publicado en Cureus examinó a 250 estudiantes de medicina, farmacia y enfermería de entre 18 y 30 años. El 84% informó que usaba auriculares con regularidad. Entre quienes los utilizaban, el 49% escuchaba contenidos con un volumen ubicado entre el 50% y el 80% del máximo, mientras que el 3,4% superaba el 80%.
La investigación encontró que los síntomas fueron más frecuentes cuando se combinaban sesiones extensas y mayor volumen. Todos los estudiantes que escuchaban a más del 80% del volumen durante más de cuatro horas al día manifestaron múltiples síntomas, según el estudio. Entre las molestias registradas figuraron dolor de cabeza, lagrimeo, intolerancia a sonidos fuertes, dolor de oído, dificultad para comprender el habla y tinnitus, el zumbido o pitido que puede percibirse en uno o ambos oídos.
La audiometría detectó hipoacusia neurosensorial en 9 de los 250 participantes, equivalente al 3,6% de la muestra. Ocho de esos nueve casos presentaron una muesca entre los 4 y 6 kHz, un patrón que el estudio describió como característico del daño inducido por ruido.
La cancelación de ruido puede contribuir a evitar esa conducta si permite escuchar con claridad a volúmenes bajos, según explicó la Universidad de Utah. Claire Benton, presidenta de la Academia Británica de Audiología, remarcó en diálogo con la BBC que estos dispositivos no eliminan la necesidad de mantener hábitos de escucha moderados y dar descanso a los oídos.
Los auriculares también cumplen una función que va más allá del audio: de forma deliberada no, pueden marcar una distancia frente al entorno. La doctora Gloria Mark, catedrática de informática de la Universidad de California, afirmó a CNN que las personas los usan para aislarse de los demás, incluso si no tienen esa intención consciente.
Richard Davidson, fundador y director del Centro para Mentes Saludables de la Universidad de Wisconsin-Madison, observó que el uso permanente puede reducir momentos breves de intercambio en espacios compartidos. El especialista estimó que el 90% de los estudiantes que circulan por el campus de la institución educativa lleva auriculares, una proporción que, según indicó, no se registraba una década atrás.
Davidson sostuvo en declaraciones a CNN que una parte valiosa de la experiencia universitaria consiste en conocer a personas de distintos orígenes. Desde su perspectiva, los auriculares pueden obstaculizar conversaciones espontáneas, un saludo durante una espera o una interacción casual en una cafetería.









