
e agota el tiempo de los anuncios, de las medias acciones y de las explicaciones. Hoy es el tiempo de las decisiones y de las acciones concretas, claras y contundentes.
En un artículo anterior sostuve que la continuidad del gobierno del presidente Rodrigo Paz Pereira pasaba por los grifos de los surtidores. Hoy lo reitero.
El Gobierno incrementó el precio del diésel para los grandes consumidores, pero el problema persiste: los camiones y la cosecha siguen en las largas filas por diésel. La resistencia es amenazante, no solo por el significativo incremento, sino porque la medida es percibida como discriminatoria y parcial, y porque no resolvió el problema.
En la víspera de octubre, los tiempos son cortos y las tensiones, mayores. Imaginemos una carrera de autos. Estamos en el circuito Óscar Crespo, en la capital de Bolivia. El presidente va en un auto bastante golpeado, pero tiene buena máquina y posibilidades de seguir en competencia. Los adversarios y competidores están todavía a distancia del puntero.
Entró en cuarta a una peligrosa curva y está perdiendo el control. La reacción debe ser inmediata: bajar la caja a segunda, pisar acelerador a fondo y salir de la curva derrapando para encaminarse hacia la recta.
La meta está lejos, la competencia va en primera vuelta, no hay tiempo para distracciones. Hay que manejar concentrado, asistido por su equipo, con auxilio rápido y mirada atenta. No hay lugar para otras equivocaciones.
Volviendo al plano político, la hoja de ruta señala una reconducción profunda de la agenda gubernamental: impulsar en la Asamblea Legislativa Plurinacional el proceso de reforma constitucional, aprobar las leyes que el país necesita, avanzar en el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y, sobre todo, demostrar que existe capacidad para sacar a Bolivia de la crisis.
Las soluciones al problema del abastecimiento de diésel y gasolina no admiten ensayos ni medias medidas. Hay que pasar del control estatal al libre mercado; de un sistema basado en subsidios, cupos, control estatal y discrecionalidad, a un mercado abierto donde la oferta y la demanda determinen los precios y donde el consumidor pueda elegir.
La ciudadanía está consciente que la situación es insostenible. El subsidio es insostenible. Nos vamos al barranco. No hay opción. Las condiciones para un cambio radical se han generado y los consumidores insatisfechos esperan una decisión gubernamental.
Esa transformación permitiría terminar con las filas, reducir los incentivos al contrabando y cerrar los espacios que durante años han engordado mafias y redes de corrupción vinculadas al combustible.
Del control gubernamental a la libertad de mercado. Esa es la decisión de fondo. Septiembre es un mes políticamente complicado. Precisamente por eso, el primer desafío del presidente Rodrigo Paz Pereira debe ser enfrentar esta crisis sin dubitación y con absoluta claridad.
El escándalo Cerimedo-Beller y las poco acertadas explicaciones presidenciales no han contribuido a recuperar la confianza ciudadana.
La combinación es peligrosa: un gobierno percibido como débil, con dificultades para decidir y actuar, y, al mismo tiempo, cuestionado por no decir la verdad. La verdad sobre ese escándalo, tarde o temprano, se conocerá. Aparecerán nuevos elementos en la investigación, declaraciones e investigaciones de unos y otros, y la ciudadanía sacará sus propias conclusiones.
Evo Morales no perdió el gobierno por el escándalo Zapata; Rodrigo Paz Pereira no se caerá por el chanta Cerimedo.
El país necesita señales inequívocas que se ha retomado la senda de un nuevo tiempo, un nuevo ciclo y la construcción de un nuevo Estado.
Ese es el desafío de septiembre. El presidente no puede ingresar nuevamente a esa curva cerrada y de profundo precipicio en cuarta, no otra vez. De esa curva llamada octubre, algunos presidentes terminaron en el barranco.
Es ahora. No hay más tiempo para medias acciones.
Jaime Navarro Tardío es político y exdiputado nacional.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
