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i las paredes de la Radio Amboró hablaran, no solo darían noticias; contarían los secretos más divertidos de una Santa Cruz que despertaba entre el humo de los motacuses y el rugir de los primeros motores. Hoy, al cumplir 68 años, la radio, activa, más antigua del departamento no solo merece un aplauso, merece un brindis con un buen somó frío, porque mantenerse vigente desde 1958 en esta tierra, es otra cosa.

Mucho antes de que existiera Tinder o Facebook, el amor y los negocios se cocinaban en el dial 1250 Onda Media. La época de los mensajes a las provincias era un espectáculo aparte. No faltaba el "pícaro" que, aprovechando el anonimato de las ondas, mandaba recados con doble intención:

“Se le avisa a la bamberita de Porongo que el joven que le regaló el pañuelo el domingo, ya tiene el encargo listo y que lo espera en el mismo lugar de siempre, sin falta y sin parientes”.

El locutor, con una seriedad de estatua, leía el mensaje, pero en toda Santa Cruz se soltaba la risa porque el "encargo" solía ser un pretexto para el cortejo prohibido. O aquellos avisos de urgencia que terminaban en anécdota:

“Díganle a don Tiburcio que su mujer ya dio a luz... y que se apure en volver porque el peladito salió con la misma cara del vecino”. ¡Bahhh eso era mejor que cualquier radionovela!

Afuera de la radio, la vereda era un termómetro de la economía cruceña. Antes de las agencias de empleo por internet, la "oficina" estaba en la puerta de la Amboró. Desde las cuatro de la mañana, se armaban filas que daban la vuelta a la cuadra.

Ver a los jóvenes de antaño con su mejor camisa planchada y almidonada, el peine en el bolsillo trasero y un par de pesos en la mano para pagar el anuncio de "se ofrece chofer o ayudante", era ver el motor de Santa Cruz en marcha. Los empleadores mandaban a sus emisarios a la puerta de la radio: "¡Necesito tres fuertes para cargar madera!", gritaban, y la fila se movía como un hormiguero. La Amboró a más de dar la hora; daba el pan de cada día.

Don Alejandro Ayala y doña Elffy Parada no solo fundaron una radio; fundaron un tribunal de justicia popular. Cuando un locutor de la Amboró decía que algo estaba mal, Santa Cruz se levantaba. Eran tiempos donde la palabra valía más que un contrato firmado, y si salía por los parlantes de la Amboró, “era ley".

Entre el éxito de La Tremenda Corte —donde más de un cruceño juraba que el juez le hablaba a su cuñado— y los bautizos de grupos musicales como Los Cambitas, la radio se volvió el alma de la fiesta y el consuelo en las penas.

68 años y el "buri" sigue. Hoy, con Carlos Ibieta al mando, la Amboró sigue ahí, firme como un papayo. Ha sobrevivido a dictaduras, a las crisis, al internet y a los reguetones.

Porque mientras existan un receptor encendido en el último rincón de la Chiquitanía, un taxista madrugador en la doble vía a La Guardia, o un joven curioso que busque entender de qué madera está hecho este pueblo, ahí estará ella. Radio Amboró es el eco eterno de la libertad cruceña, la voz que no se quiebra y el puente que nunca se cae.

¡Felicidades, Radio Amboró! (89.5 FM.)

Gracias por enseñarnos que, para ser grande, primero hay que saber escuchar al pueblo.

Wilfredo Áñez Saavedra es administrador de empresas.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.