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esde la elección de Rodrigo Paz, el optimismo todavía sigue siendo la norma. Muchos sostienen que esta propuesta democrática es el régimen político más atractivo. Si bien diversos movimientos políticos del pasado reciente están comprometidos en superar su derrota y demostrar que son contendientes viables desde una supuesta hegemonía ideológica, el gobierno se impone al final de la historia en la medida en que reconoce y protege, el derecho universal del hombre a la libertad y al progreso con el consentimiento de los gobernados.

A medida que los errores del pasado son más visibles, algunos sectores impulsan acontecimientos políticos como si fuera el fin de la historia del actual gobierno. La importancia de los hechos recientes, desean ser planteados como prueba del fracaso de la tesis del presidente Paz. La historia, predice que, si desaparecen las condiciones que hicieron posible la democracia, es probable que sea suplantada por un autoritarismo competitivo o una dictadura abierta.

Sea lo que sea que venga después, la era democrática sin duda llegaría a su fin, entonces lo que venga deja de ser una opción. El destino moldea las sociedades humanas de dos maneras. Primero: la existencia de una feroz competencia política favorece el desarrollo y la supervivencia de las sociedades. Segundo: la búsqueda de un cambio histórico es la conquista progresiva del desarrollo para satisfacer las necesidades ciudadanas. Desde esta perspectiva, el desarrollo económico requiere una visión del trabajo cada vez más sofisticada, de manera que sacuda las sociedades tradicionales y perfeccione sus modos de gobernar.

Esto ayuda a explicar por qué esta democracia resulta más atractiva que cualquier otro sistema si ofrece libertad para vivir respetando preferencias y con la capacidad de determinar un destino colectivo. Esta es la fuente de su perdurable atractivo y la razón por la que es imperativo cuidarla.

Si bien la democracia no ha conquistado el mundo entero, ningún otro sistema político puede presumir de igualar su atractivo, sería un error decir que el presidente Paz ha fracasado por la debilidad estructural del gobierno en general. Sin embargo, la existencia de un nuevo ciclo económico es la posibilidad de un crecimiento sostenido a largo plazo.

Dado que el deseo de reconocimiento es universal, podemos suponer que los ciudadanos deberían valorar este sistema político. Esto implica que los bolivianos, a pesar de todo el descontento que puedan sentir con determinadas políticas, deben otorgar gran importancia a vivir en una democracia y rechazar las alternativas autoritarias. Si no lo hacen, sugiere que las contradicciones internas son más sustanciales de lo que el sistema reconoce. Esto no impide que los ciudadanos deberían, a corto o largo plazo, mostrarse bastante críticos con el sistema político. Esto implica, que, a pesar de la legitimidad del gobierno, deban evaluar la estabilidad política o el desempeño económico, buscar una mayor libertad individual y autodeterminación colectiva. El gobierno debe lograr satisfacer las aspiraciones de la ciudadanía conciliando sus contradicciones internas en la misma medida que lo hace el sistema político, entonces nadie podría afirmar que la historia ha terminado.

La fuerte asociación entre democracia y desarrollo económico se explica mejor por factores externos, si bien la apuesta no surge al azar, tanto en sociedades pobres como ricas, el nivel de desarrollo económico de un país influye fuertemente en la probabilidad de éxito y prosperidad de largo aliento. Incluso el asentamiento de la democracia es independiente del nivel de desarrollo y la probabilidad de que el régimen sobreviva es mayor si se impulsa una política para establecer un país próspero. Por lo tanto, cabría esperar que la democracia permitiera trabajar en función de los niveles de desarrollo esperados. Así, la historia acumula gradualmente democracias más prósperas.

Tras la arrogancia de las décadas precedentes, en estos 6 meses de gobierno, hay una muestra de autoconfianza que supone un desafío fundamental, pero también hay una avalancha de malas acciones y peores decisiones que inspiran una prolífica narrativa para sostener que existe crisis democrática. Todas estas críticas constituyen una importante llamada de atención, la naturaleza del desafío plantea una nueva filosofía que deba comprenderse totalmente, establecer una real política de Estado.

El desafío más directo, y a primera vista el más potente, consiste en detener el retroceso general de la democracia y de nuestra economía en los últimos años. Pareciera que la expansión de la libertad y la democracia se detuvo prolongadamente con una preocupante tendencia, el historial negativo de la democracia ha continuado año tras año. La crisis se instala sólo en aquellas partes del mundo donde sus raíces históricas son superficiales y la economía aún no está madura, probablemente se tendría que afrontar el desafío a dos décadas de retroceso democrático y enfrentar la magnitud del descontento popular con el sistema. Hay que recuperar la confianza en todo y en todos.

Fernando Berríos Ayala es politólogo.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.