
a coartada del Gobierno, y de buena parte de los analistas, para explicar el desorden actual de bloqueos y movilizaciones populares es atribuir la autoría de estos desmanes a Evo Morales. ¿Será cierto que el expresidente está detrás de los bloqueos? Sí y no. Esta respuesta no es una aporía, sino una constatación de la insuficiente comprensión de la formación social boliviana por parte de las castas intelectuales, de los gobernantes y de los administradores de este país.
Evo Morales no es el responsable de la crisis ni de la actual violencia social, porque estas son recurrentes en Bolivia y siguen pautas y patrones en los cuales el líder es efímero; solo es eficaz cuando tiene el poder político o cuando está a punto de adquirirlo.
Si admitimos que Bolivia se ha constituido como cuerpo social a costa de que una minoría se sostenga encima de una mayoría étnica y cultural diferente, se entiende que la población así subyugada haya resistido y contradicho esa situación. Ese forcejeo se realiza, como no puede ser de otra manera, siguiendo sus propias pautas sociales y culturales. La casta dominante, al tener otras referencias sociales y conceptuales, no interpreta adecuadamente esas manifestaciones y, por ende, no puede solucionar los conflictos que se originan.
Esa confusión llega a su clímax cuando la comprensión es reemplazada por la pura especulación, como sucede actualmente: los pueblos indígenas y los sectores populares ya no son percibidos como actores sociales y nacionales, sino solo como expresiones de cosmovisiones y epistemes diferentes. Así, el “respeto a la diferencia” llega a ser una triquiñuela para mantener el poder y el dominio sobre poblaciones subalternizadas, atribuyéndoles virtudes, muchas de ellas imaginarias.
Xavier Albó, en algunos de sus trabajos (en particular "La paradoja aymara: ¿Solidaridad y faccionalismo?" y "Achacachi: rebeldes pero conservadores"), perfiló una interpretación más sociológica de las características del indígena aymara. Siguiendo estas pautas, el liderazgo indígena es conflictivo y provisorio: el dirigente es acatado cuando tiene un poder latente o manifiesto. Cuando Evo Morales entró en crisis, fue abandonado en cuanto lo popular indígena percibió que su “ciclo se acabó”.
Ello ya fue perceptible en 2019. Se trata de un factor constitutivo de la sociología popular e indígena que solo puede sorprender al criollo que percibe a esos grupos desde su balcón teórico y político. El argentino Atilio Borón, en su prólogo al libro de Hugo Moldiz "Golpe de Estado en Bolivia: la soledad de Evo Morales", escribe: “En uno de mis más recientes viajes a Bolivia hablé en la calle con personas del pueblo, de estas dos etnias, y les dije que estaba asombrado por las críticas que se le hacían al presidente. Ingenuo, les preguntaba: '¿no tienen ustedes un sentimiento de gratitud por todo lo que Evo ha hecho en su favor?'. La respuesta me dejó congelado: 'Él hizo lo que tenía que hacer, no hay nada que agradecer. Y lo mismo ocurre con nuestros caciques en las comunidades'”.
Evo Morales no dirige los actuales bloqueos; sobrevive en el Chapare. Indudablemente tiene simpatizantes y, quizás, correos que transmiten “instrucciones” y “apoyo económico”, pero solo eso. Sin embargo, se puede afirmar también que sí está detrás de los bloqueos, porque la propaganda y las fallidas estrategias del gobierno lo están resucitando en un contexto en el que todavía no emerge un nuevo líder popular e indígena.
El actual presidente demuestra una penosa ignorancia sobre lo popular indígena. Ha neutralizado a quien –su vicepresidente– podía haber sido su vínculo con esos sectores y trata de comprenderlos mediante recetas y recomendaciones de supuestos “asesores” que entienden esa realidad menos que él.
Lo que estamos viviendo actualmente es, quizás, un preludio de lo que pueda venir después. Alguien señalaba que es el «febrero del octubre», haciendo referencia al llamado “Febrero Negro” de 2003, que fue el preámbulo del derrocamiento de Sánchez de Lozada en octubre de ese mismo año. En ese entonces, el presidente Goni no hizo caso de los anuncios ni corrigió sus rumbos. Quizás el gobierno actual sí lo haga.
Pedro Portugal Mollinedo es historiador y analista.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.
