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E

l indudable retroceso de la cantidad de bloqueos de ruta no calma la desesperación de los cientos de miles —los más pobres y abandonados— que sufren las dentelladas de hambre y angustia que significa el no poder trabajar, ganar el sustento diario y conseguir el mínimo ingreso para sobrevivir. Si la tendencia de los últimos días no cambia, el empate se consolidará el empate que está vigente. Todos intentarán salvar la cara y el país se ha hundido un poco más. Se revive la sensación térmica que nos dejaron los dos (¿tres?) últimos años del régimen del MAS: crispación, insatisfacción e incertidumbre como humor colectivo de base y el retorno intermitente de choques y escaramuzas.

El tipo de transacción al que nos encaminamos es un respiro deleznable, seguido de nueva acumulación de reclamos y protestas.

Esto, en la superficie porque por debajo, las ganas y necesidad de ganar de los contendientes aumentan a cada paso. Morales Ayma, que terminó sucumbiendo a la tentación de intentar mostrarse como el incitador y estratega en jefe, no puede retroceder y teme que su última actuación desencadene un nuevo y duro problema legal, bajo acusación de haber protagonizado una revuelta armada para derrocar al gobierno, causando muertes, heridos, agonías de pacientes y un daño gigantesco daño económico al país y al Estado.

Sus consejeros tratarán de tranquilizarlo recordando le que si el Gobierno, el Parlamento y el sistema completo de organizaciones políticas no se plantearon y menos atrevieron a acusar a magistrados autoprorrogados y sus antecesores por gravísimas faltas constitucionales, que condujeron a la ruptura del orden constitucional, tampoco pensarán en este recurso para su caso.

La cúpula bloqueadora, con Evo, Argollo, Salazar y sus seguidores han conducido a la más desastrosa y autodestructiva derrota de las organizaciones sociales que solo puede enmendarse con un amplio movimiento regenerativo, que surja desde su base para democratizar, exigir rendición de cuentas y crear mecanismo sólidos para impedir que prospere el caudillismo y la formación de costras, roscas y clanes que las secuestren en beneficio de intereses privados, sean estos individuos, grupos o partidos.

Recuperar la autonomía social y conseguir que sus organizaciones expresen las necesidades, demandas e intereses de sus bases, de los que hace parte la solidaridad con otros sectores sociales y el bienestar colectivo. La última movilización traicionó y desgarró esa misión fundamental, al subordinarse a la estrategia de buscar impunidad y premiación para quien huyó en 2019 y ahora pone como escudo a sus bases.

Por su lado el débil gobierno se ha hecho más frágil y contradictorio. Carente de proyecto nacional, su desgaste tiende a obstruir el plan de ajuste y liberalización (con reforma constitucional incluida) que ha prometido a su base empresarial (principalmente agronegocios, finanzas, minería ilegal del oro) y, externamente, a los organismos internacionales que le han prestado recursos y al “escudo de las Américas”, que gira en torno al gobierno de Donald Trump.

Así se lo recuerda en forma de columna, un antiguo funcionario de la embajada de EEUU, que actuaba como vocero del servicio de informaciones de esa legación, cuando Phillip Goldberg era embajador (2008).

Reaparece ahora con el artículo publicado, primero en el periódico digital “Pukara”, el 6 de junio con seudónimo de exciting turtle421 y, con nombre y apellido el 10 de junio en “El Deber”, con el título de “¿Cómo romper el cerco del narcoterrorismo trasnacional?”

El funcionario boliviano da allá instrucciones sobre cómo terminar con estos conflictos, que habrían sido “gestionado con prudencia, bajo perfil y precisión quirúrgica por el Presidente Rodrigo Paz Pereira y su Canciller Fernando Aramayo” (textual) a quienes recuerda que tienen a mano el apoyo del “Pentágono y el Departamento de Defensa de los Estados Unidos… (que) se han pronunciado de manera directa y firme” (textual).

Lo que no dice abiertamente la representación de EEUU en Bolivia, lo señala con firmeza Erick Foronda, que nos hace saber que “En una llamada entre el Secretario de Estado, Marco Rubio, y el presidente Paz se abordaron prioridades estratégicas para garantizar la estabilidad regional”. Agrega “la política exterior estadounidense (..) sumada al respaldo del bloque regional, confirma que el destino democrático de Bolivia es el eje de la estabilidad del continente” (todas las negrillas son mías).

Termina con una promesa o profecía: “Está claro por donde es el camino” (textual).

Si, está claro que crecerá la presión sobre el Ejecutivo para incrementar la planta de efectivos extranjeros de inteligencia, uso de tecnología bélica como drones, hasta exigir la instalación de bases foráneas para “resguardo local y regional de la democracia”. Clarísimo: todo lo demás está, para usar las palabras de Miguel Hernández, “oscuro, baldío y turbio”.

Róger Cortez Hurtado es docente investigador.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.