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as ventajas de las fuentes renovables de energía (sol, agua, viento, geotermia, biomasa) en la generación electrica son conocidas de sobra y suelen incidir en el calentamiento global del planeta mucho menos que las fuentes fósiles. Las objeciones a su mayor difusión, en el marco de la transición energética, son de dos tipos: el costo y la intermitencia.

Se afirma, impropiamente, que el costo de la unidad de energía eléctrica, el megavatio hora (MWh), en el caso de las fuentes renovables es mayor que en las termoeléctricas. Esta afirmación podía haber sido cierta hace 20 años, pero el abaratamiento de los paneles solares y de otros componentes tecnológicos ha vuelto la electricidad generada “en frío” más económica que la del gas.

Por ejemplo, si tomamos como parámetro el LCOE (costo nivelado de la energía) cuyo cálculo incluye inversión inicial, mantenimiento, combustible y vida útil de la planta, en costos reales la energía solar aventaja al gas en la mayoría de los mercados. De hecho, el MWh solar en grandes plantas está por debajo de $us 50, cuando en termoeléctricas de ciclo combinado ronda los $us 80. Este resultado se debe a la caída estrepitosa del precio de los paneles solares y por lo gratuito e inagotable que resulta el “combustible solar”.

La otra objeción apunta al carácter intermitente de las fuentes renovables: un panel solar produce de día y mejor con sol; un rotor eólico depende de la constancia del viento; y una hidroeléctrica del régimen de lluvias. En la práctica, la energía solar es la más intermitente y la hidroeléctrica la más confiable, de modo que ambas se complementan, sin llegar a poder prescindir de la termoelectricidad.

Ahora bien, la intermitencia tiene también solución, pero cuesta. En general, las granjas solares, al igual que las otras plantas, suelen generar más electricidad de la que es posible transmitir por la red eléctrica. Ese excedente de energía puede ser almacenado de diferentes maneras. Por ejemplo, se lo almacena en acumuladores, grandes baterías que devuelven la electricidad cuando sea necesario; también permite recargar una represa bombeando el agua que sale de una planta hidroeléctrica; asimismo se usa para la descomponer el agua (electrólisis) con el fin de obtener hidrógeno “verde”. Existen plantas, llamadas termo-solares, que convierten, mediante un sistema de espejos parabólicos, la radiación solar en calor que se almacena en sales y que es devuelto para generar electricidad hasta de noche. Desde luego, cada proceso adicional eleva los costos finales de la electricidad. De hecho, el MWh solar almacenado en acumuladores puede llegar a costar más de 100 dólares.

Con el fin de abaratar ese costo surgen nuevas ideas. Por ejemplo, en la China ya se utilizan minas subterráneas abandonadas para almacenar aire a alta presión, comprimido mediante la energía renovable excedentaria. El aire sellado en la mina es luego liberado para activar una turbina y generar electricidad. La ventaja reside en que el aire es gratis, de modo que único gasto es la compresión del aire. Bolivia es particularmente rica de dos fuentes energéticas renovables: el sol y el agua, ambas localizadas en la región andina. El Altiplano es un “paraíso solar” con una capacidad de producir electricidad prácticamente ilimitada, si se acopia el excedente para contrarrestar la intermitencia, recurriendo a los métodos más adecuados de almacenamiento.

Para ese fin, como he reiterado hasta el cansancio, solo falta elaborar un Plan de Transición Energética que fomente y garantice la inversión privada, empresarial, institucional y comunitaria, y “democratice” la generación eléctrica renovable, mediante incentivos más normativos que económicos.

Francesco Zaratti es físico y analista.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.