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l sector eléctrico boliviano está aún en relativa calma y no atraviesa por las turbulentas aguas que agitan el sector hidrocarburos desde hace media década. El suministro eléctrico es estable y no se producen racionamientos o apagones como en algunos otros países de la región.

La población vive tranquila y abastecida desde hace mucho tiempo con energía muy barata por el bajo precio del gas. Los precios de la electricidad, para gran parte de la población, no han sufrido modificaciones severas y solo se han hecho ajustes por el tipo de cambio.

Esto a diferencia del sector hidrocarburos, donde el descalabro desde hace varios años es agudo. Merced a la política errática nacionalista y estatista de los 20 años del masismo (Morales y Arce Catacora) se utilizaron desmesuradamente las reservas (gas natural, condensado y petróleo) descubiertas en los 90 por los gobiernos denominados neoliberales. El país llegó a exportar $us 6.000 millones (MMUSD) de gas natural, GLP y otros hidrocarburos el 2015.

De no hacer nada, Bolivia requerirá importar aproximadamente 6.000 MMUSD ($us 100 por barril de petróleo) de energía entre gas natural (paradójico), GLP, diésel, gasolina, jet fuel e incluso energía eléctrica el 2035. ¿Y los dólares de dónde vendrán? Es la pregunta del millón y es por eso que se deben tomar medidas bastante dolorosas y drásticas:

  1. Eliminar y focalizar subsidios (subsidiar la demanda).

  2. Promulgar leyes que realmente traigan inversión privada al sector de hidrocarburos y de electricidad y dejar atrás al Estado empresario.

  3. Reformas profundas a YPFB, ENDE (que son el problema y no la solución) y a sus respectivos órganos reguladores. Estas difíciles tareas están queriendo ser encaradas por el actual Ministerio de Hidrocarburos y Energías y donde avizoramos alguna luz al final del túnel.

Entrando de lleno al sector eléctrico boliviano, creo está aún a salvo por el gas natural altamente subsidiado que YPFB le entrega a ENDE, y con el cual se genera el 70% de la energía eléctrica del país. Esto tendrá que cambiar y las cosas en el sector eléctrico se podrán poner bastante turbulentas.

¿Podrá o tendrá ENDE la capacidad de pagar los nuevos precios de gas natural que se requieren para detonar exploración? ¿Podrá ENDE importar gas natural cuando exista el déficit que se viene? ¿Tendrá la capacidad de poner las garantías para contratar gas natural a mediano plazo sin tener que recurrir a las arcas del Estado, como lo ha venido haciendo?

Recordemos que ENDE es una empresa estatal con un sinnúmero de subsidiarias y tiene básicamente el monopolio del sector eléctrico en Bolivia. Aproximadamente el 90 % de la generación, el 95 % de la transmisión y el 60 % de la distribución es de ENDE. Es decir, el abastecimiento del sector eléctrico boliviano está en manos de esta empresa estatal.

Y acá es donde empieza el problema de la tormenta perfecta que se avecina. ENDE ha vivido del papá Estado por varios años y de lo que se generaba con las exportaciones del sector hidrocarburos.

Las deudas de ENDE con el Banco Central de Bolivia están por encima de los 2000 MMUSD que no se han pagado. Es decir, ENDE no es una empresa solvente que cumple sus compromisos. Es más, recientemente el Estado le ha entregado alrededor de 70 MMUSD para que pueda concluir obras hidroeléctricas que tiene demoradas por insolvencia empresarial, y está requiriendo entre 250 y 280 MMUSD adicionales para completar inversiones que se necesitan para depender menos de la termoelectricidad.

Es decir, ENDE vive de los impuestos de los bolivianos y de los préstamos de organismos internacionales. Esto no puede seguir así. Tenemos que dejar atrás el Estado empresario para que la inversión pase al sector privado, tal cual lo pregona la nueva Ley Eléctrica que está en análisis para su aprobación.

Pero nuestra lectura es que ENDE no quiere cambiar la situación actual arrastrada de los años anteriores; quiere seguir bebiendo del papá Estado. Quiere mantenerse como el principal protagonista del sector eléctrico, pero con plata del Banco Central de Bolivia. Quiere continuar desarrollando proyectos eólicos, solares y otros con créditos avalados y con recursos del Estado.

Solo quiere participación de privados mediante asociaciones público-privadas y donde sea controlante. No apoya ni desea subastas de energía y, peor aún, niega el acceso a los estudios en su poder para nuevos entrantes.

Solo recordemos la funesta compra de los ciclos combinados que hizo ENDE a través de ENDE Andina, alrededor del año 2016. Se entregó sin licitación aproximadamente 1.300 MMUSD para la compra de tres plantas de ciclos combinados en lo que yo considero la obra con cuestionamientos más serios que ha tenido el sector energético boliviano, y que, por supuesto, no se investiga hasta la fecha.

ENDE tiene 12 subsidiarias con casi un centenar de directores y alrededor de 1.000 MW de potencia instalada en centrales eléctricas a gas que no despachan, pero generan gasto corriente innecesario.

Esto no queremos los bolivianos nuevamente: empresas estatales deficitarias con manejos irregulares. La Ley Eléctrica apunta en dirección contraria, pero ENDE se opone. ¿Por qué será?

Álvaro Ríos Roca es ingeniero químico y analista en hidrocarburos.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no representa necesariamente la línea editorial de Datápolis.bo.